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La domesticación del lobo al perro: Origen e interacción con el hombre

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  • miércoles, 27 febrero, 2019 a las 15:27
  • por Ana Gómez

La historia de la domesticación del lobo (para “dar lugar” a los perros que hoy conocemos) difiere según el campo de estudio desde el que se investigue, pero en esta ocasión os comentamos las condiciones que se tuvieron que dar para que estos seres de cuatro patas se convirtieran en uno de los mejores amigos del hombre.

Si no lo habéis hecho, os recomendamos leer la primera parte de este artículo: “Domesticación del perro: primeros pasos”

 

Como vimos en el anterior post, la divergencia entre perros y lobos ocurrió hace unos 135.000 años. Sin embargo, los primeros rasgos de perros domésticos encontrados datan de un período de tiempo acaecido entre los 17.000-30.000 años. Esto nos hace suponer que los primeros rasgos de divergencia fueron exclusivamente genéticos, lo que nos lo confirmaron los estudios genéticos realizados. Al mismo tiempo, los estudios palentológicos nos indican que, ciertamente, los primeros rasgos fenotípicos no son expuestos hasta más de 100.000 años después del inicio de la divergencia. ¿Qué pasó durante todo ese tiempo? ¿Cómo convivieron lobos y perros? ¿Cómo convivieron con el hombre? ¿Cómo sucedió esa divergencia? Respondamos a todas esas preguntas.

Si comenzamos por el principio, nos tenemos que remitir hace unos 6 millones de años, cuando comenzó la divergencia del género Canis (el género del que derivan tanto perros, como lobos, chacales, coyotes…). Durante ese tiempo, se fueron dando lugar a todas las especies actuales de cánidos que conocemos y entre las cuales, la tasa de variación máxima es de tan sólo un 12%. Esto quiere decir que todos los cánidos comparten la gran parte de su genoma, llegando a ser prácticamente iguales – como comentamos en el anterior post – entre el perro y el lobo, que comparten el 98% de su genética.

Como ya sabemos, el lobo y el perro tuvieron su divergencia hace unos 135.000 años, aunque algunos autores retrasan esta fecha hasta hace unos 100.000 años1. El proceso de divergencia fue un proceso largo en el tiempo, condicionado por características tanto climatológicas como etológicas, todo ello acompañado de la presencia del ser humano. Durante todo el período del Pleistoceno, el planeta fue asolado por multitud de glaciaciones, muchas de ellas de tal magnitud que llegaban a aislar, en función de la ubicación, a las poblaciones animales y vegetales. Este aislamiento geográfico pudo generar que las poblaciones fueran haciéndose diferentes entre sí, y esto, combinado al cambio de comportamiento que este aislamiento pudo también generar, daría lugar a la división de una especie.

¿Sabes cómo surgen las especies? ¡En nuestro podcast “¿Qué es una especie? Procesos de especiación” te explicamos los diferentes procesos para que esto ocurra!

Uno de los puntos geográficos clave para esta divergencia fue Asia, concretamente la zona del este, donde tanto lobos como humanos (Homo erectus) convivían en un régimen mutuo de depredación, competencia y comensalismo. Esta relación variaba en función de qué zona se encontraran las poblaciones, dado que si las condiciones climáticas eran beneficiosas estas interacciones disminuían y, por el contrario, se hacían más evidente si las condiciones eran peores y los recursos, escasos. Los ejemplares jóvenes, que suelen llevar una vida más solitaria, aprovecharían las poblaciones humanas, alimentándose de los desechos que éstas generaran. Esta conducta, como recalcamos, era prácticamente exclusiva de los ejemplares jóvenes, y con el envejecimiento del individuo iba desapareciendo.

Pero fue en una región del Noreste de Asia donde se darían las condiciones climáticas más duras, propiciando esto el aislamiento de las poblaciones tanto de lobos como humanas, y fomentando esta situación la insistencia continua de los lobos frente a las poblaciones humanas, siguiéndoles en busca de alimento y desechos de los que subsistir. Por tanto, una conducta que en un inicio había sido peculiar se iba convirtiendo en hábito, convirtiéndose en oportunistas y flexibles al comportamiento humano. Esto, a lo largo del tiempo, dio lugar a una especie que se acabó convirtiendo en el primer ancestro del perro, siendo la especie de lobo chino (Canis lupus chanco) la más cercana a este ancestro.

Uno de los comportamientos claves que derivó en esta nueva especie fue la reproducción. Los lobos que más cercanía iban teniendo con las poblaciones humanas comenzaron a no alejarse de estas para tener a sus crías, sino que comenzaron a tener sus camadas cerca de estas poblaciones. Esto les facilitó el siguiente paso a los humanos (recordemos, Homo erectus) que, pese a tener sus reservas y cautelas respecto a aquellos lobos que merodeaban a sus familias, iban adquiriendo ejemplares de crías que utilizarían como parte de su dieta.

Pero esta situación sufrió una alteración hace 40.000 años, cuando H. sapiens comenzó a dominar la región, dado que comenzaron a tener ejemplares de lobeznos en cautiverio con fines alimenticios. Además, comenzaron a ayudarse de esta especie para olfatear y capturar otras presas, así como proteger a la población humana. Esto situaría a la población de lobos en una situación de semi-libertad, pudiendo reproducirse tanto dentro como fuera del círculo de incidencia humana, y aprovechando igualmente sus recursos alimenticios y desechos. Finalmente, la población de lobos en cautividad fue creciendo, mientras que la población de lobos salvaje se iba aislando más y más y reduciendo su número. El lobo doméstico fue tomando forma hace unos 30.000 años, cuando las poblaciones tenían a sus camas dentro del núcleo humano y eran éstos los que decidían qué ejemplares morían y cuáles vivían, siendo estos últimos normalmente los más dóciles.

La selección artificial, es decir, el control del hombre sobre estos animales, hizo que se fueran fijando en ellos caracteres infantiles, como son la mayor dependencia del humano, así como necesidad de afecto y cuidados. A nivel morfológico, se les fue reduciendo el hocico y su caja craneal, además de otros caracteres que vimos en el anterior vídeo.

Los primeros perros como tal se consideraron hace unos 15.000 años, encontrándonos los primeros fósiles hace aproximadamente unos 12.000 años. El proceso de dispersión de los mismos a lo largo de todo el planeta fue parejo a la dispersión del ser humano, dado que iban acompañándolos.

¿Es lo mismo hablar de la domesticación del lobo que del origen del perro? Teniendo en cuenta que la domesticación implica que todo el ciclo vital del animal está controlado por el ser humano, podríamos decir que los primeros ejemplares corresponderían a lobos domésticos, es decir, lobos que tras sufrir todos los procesos indicados anteriormente dieron lugar a ejemplares que cumplían todo su ciclo de vida dentro de las poblaciones humanas. Rasgos no sólo genéticos, sino también morfológicos, provocarían con el paso de los milenios que el lobo doméstico diera lugar al perro, doméstico desde sus inicios.

Sin embargo, es más que usual que ante la presencia de un fósil de un cánido surja la duda de a qué ejemplar corresponde. Es por ello que existen una serie de parámetros que nos ayudar a aclarar el origen:

  • Alta abundancia de restos: si encontramos un número elevado de ejemplares en un mismo lugar, nos sugiere que los ejemplares corresponden a perros, dado que por su comportamiento tendían a permanecer en manadas más estables, mientras que los lobos en función de la edad que tuvieran pasaban la mayor parte del tiempo en solitario.
  • Restos de individuos de todas las edades: los perros, al tratarse de animales domésticos, cumplían el ciclo vital completo cerca de la población humana y estableciendo un lugar de base estable.
  • Si los restos aparecen en lugares donde no hay constancia de ejemplares salvajes, nos da idea de que se tratan de perros.
  • Rasgos morfológicos, observados en el anterior post sobre domesticación.
  • Son perros si, alrededor, aparecen estructuras para controlarlos o modificar su comportamiento, por ejemplo jaulas. En este caso, tendríamos que recurrir a un análisis más exhaustivo para determinar si se trata de un ejemplar de lobo en proceso de domesticación o de un perro propiamente dicho.
  • Si cerca del ejemplar aparecen representaciones artísticas

 


Bibliografía:

  • R. Valadez Azúa, El origen del perro, primera parte (entre el lobo y el perro). AMMVEPE, Vol. 11, No. 3, Mayo-Junio 2000, pp 75-84.
  • X. Porta y L. Llaneza, Diferencias macroscópicas entre pelos de perro (Canis familiaris LINNAEUS, 1758) y loco ibérico (Canis lupus signatus CABRERA, 1907). Galemys nº 13 (especial), 2001.
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Notas   [ + ]

1. Tenemos que tener en cuenta que, al tratarse de rangos temporales tan grandes, los autores no confirman una fecha exacta sino que dan una aproximación de los procesos acaecidos durante ese período temporal.

¡Aviso! Hidden Nature no se hace responsable de la precisión de las noticias publicadas realizadas por colaboradores o instituciones, ni de ninguno de los usos que se le dé a esta información.

Autor Ana Gómez

Bióloga, amante de los perros, las libélulas, y la vida en general.


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