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CHARLES BYRNE: UN CASO DE GIGANTISMO

  • miércoles, 1 noviembre, 2017 a las 16:32
  • por Eduardo Bazo Coronilla

La osamenta de Charles Byrne se expone al público en el museo Hunter que existe en el Colegio de Cirujanos de Londres. A su lado, se muestra un esqueleto normal al que se conoce como "Mr. Jeffs".

La osamenta de Charles Byrne se expone al público en el museo Hunter que existe en el Colegio de Cirujanos de Londres. A su lado, se muestra un esqueleto normal al que se conoce como “Mr. Jeffs”.

Hace unos días me encontraba en casa viendo la que sin duda es una de las obras cumbres del cine y la literatura: Gigante. Mi madre insistía en que conectase el cable HDMI de mi portátil a la televisión del salón, a fin de darle el gusto de hacer de internet su videoclub particular. Y no me pude negar teniendo en cuenta semejante reparto: Rock Hudson, Elisabeth Taylor y James Dean encarnan a los personajes principales de un film que muestra las múltiples aristas de unos florecientes Estados Unidos. La codicia humana, las clases sociales, el racismo y la discriminación hacia los ciudadanos mexicanos (¡chúpate esa Trump, que Edna Ferber ya te vio venir en 1.950!) son parte fundamental del guión de una película que desde el año 2.005 forma parte de la Biblioteca Nacional del Congreso de los Estados Unidos por considerarse “cultural, histórica o estéticamente significativas”.

Una vez terminé de ver la película, no pude dejar de pensar en aquellos gigantes (y no tan gigantes) que eran exhibidos a lo largo y ancho de toda la geografía británica como monstruos de feria. Formaban parte de esos “Freak Show” que más de una vez nos han mostrado ciertas series o películas de televisión, como ya hiciera David Lynch con Joseph Merrick, más conocido con el despectivo nombre de “El Hombre Elefante”. Fruto de esa curiosidad empecé a rememorar múltiples casos de esos desdichados seres que se ganaban la vida (y de camino hacían ricos a los traficantes de carne humana que regentaban estos circos, como Phineas Taylor Barnum) sólo para servir de diversión o asombro para unos pocos.

Retrato del empresario circense P. T. Barnum, quien se hizo de oro mostrando sin escrúpulos a medio mundo sus "engendros" o "freak show". Tan pocos escrúpulos tenía que llegó a afirmar: "There's a sucker born every minute" (Cada minuto nace un idiota).

Retrato del empresario circense P. T. Barnum, quien se hizo de oro mostrando sin escrúpulos a medio mundo sus “engendros” o “freak show”. Tan pocos escrúpulos tenía que llegó a afirmar: “There’s a sucker born every minute” (Cada minuto nace un idiota).

La lectura de algunos de estos atípicos casos clínicos me tranquilizó y estremeció a partes iguales. Bien es cierto que, gracias a la exposición pública con fines lucrativos de estas personas, hoy día conocemos el motivo de su anomalía. Se podría decir incluso que se sacrificaron en nombre del conocimiento y para que otros no padecieran el desprecio social que ellos sufrieron. De esta forma, muchos de los cadáveres de estos “fenómenos de feria”, acabaron en manos de médicos o personalidades del ámbito científico, lo que ha valido para que varios de estos anómalos cuerpos sean preservados aún hoy en museos de todo el mundo. La lista es interminable: Francesco Lentini (un siciliano que mostraba tres piernas, fruto de un gemelo siamés que no se desarrolló correctamente); Lázaro y Juan Bautista Colloredo (unos gemelos siameses unidos por el pecho, tal que da la sensación que uno sale del pecho del otro); Grady Stiles (un chico con ectrodactilia, lo que da lugar a unas manos y extremidades similares a las pinzas de las que están provistas las langostas); Myrtle Corbin (una niña que sufría “dipygus”, una enfermedad congénita donde el eje del cuerpo se bifurca a derecha e izquierda y hace que se dupliquen las extremidades inferiores) o Alice E. Doherty (una joven de aspecto “alobado” debido a la patología que hoy conocemos como hipertricosis). En la misma lista, aparecía el nombre de un irlandés que tiene el honor de ser uno de los hombres más altos de todos los tiempos: Charles Byrne.

Hoy día, un hombre de gran altura no es motivo de asombro. Sin ir más lejos, los actuales techos de la NBA (el galo Alexis Ajinça de los New Orleans Pelicans y el tunecino de los Dallas Mavericks Salah Mejri) alcanzan los 2 metros y 18 centímetros de altura.

La situación no era sin duda la misma en la Irlanda del s. XVIII, donde nació y creció nuestro protagonista. Charles Byrne vino al mundo en Tyrone, actual Irlanda del Norte, en el año 1.761. Tan alto era, que numerosos testimonios cuentan que los 2.31 metros permitían al irlandés encender los cigarrillos con las lámparas que servían de luminarias públicas. De esta forma, parece que su desmesurada estatura le llevó pronto a ganarse la vida como “bestia humana”, puesto que a los 21 años ya formó parte en Londres del “museo Cox de bestias humanas”. Ante un ser de semejante porte, los periódicos británicos, haciendo uso del “amarillismo” que parecen haber exportado a toda la prensa mundial, pronto se hicieron eco de la noticia. Pero ignoraban que aquella atracción de feria no duraría mucho. A los 22 años, Charles Byrne (que en Londres se había cambiado su apellido al de O’ Brien) falleció víctima de su adicción al alcohol, quién sabe si como consecuencia del trato vejatorio dispensado por los asistentes a este tipo de deleznables espectáculos circenses. Sea como fuere, Charles contó con sus 15 minutos de fama reglamentarios (siempre siguiendo las estipulaciones de Andy Warhol) y su muerte fue igual de sonada que su auge.

La adenohipófisis se corresponde con el lóbulo anterior de la glándula hipofisaria. En ella se han identificado 5 tipos celulares: células somatotropas, mamótropas, corticotropas, gonadotropas y tirotropas. Cada uno de estos tipos de células se encarga de liberar diferentes hormonas.

La adenohipófisis se corresponde con el lóbulo anterior de la glándula hipofisaria. En ella se han identificado 5 tipos celulares: células somatotropas, mamótropas, corticotropas, gonadotropas y tirotropas. Cada uno de estos tipos de células se encarga de liberar diferentes hormonas.

El anatomista escocés John Hunter, que trabajaba para el Colegio de Cirujanos, había venido siguiendo el caso y al enterarse del fallecimiento del grandullón irlandés se interesó en adquirirlo. La forma en la que se hizo Hunter con el cadáver es propia de la mejor novela negra: al parecer, Byrne pagó a varios compinches para que a su muerte, tirasen su cuerpo al mar. Sin embargo, Hunter sobornó a los responsables de tirar el cuerpo de Byrne al mar por unas 130 libras, todo un potosí de la época para alguien dedicado a resolver el día como buenamente diese oportunidad la providencia. Para no dejar rastro de esta extraña adquisición, Hunter hirvió el cadáver durante horas hasta quedarse con los huesos de Charles Byrne, pasando éstos a formar parte de su preciada colección de piezas anatómicas.

Para resolver el misterio de la altura de Byrne, la ciencia tuvo que esperar algo más de un siglo tras la muerte del colosal irlandés. No fue hasta 1.909 cuando el neurólogo estadounidense Harvey Cushing examinó el cráneo de Byrne y dedujo que su acromegalia era producida por una glándula pituitaria anormalmente grande, la cual, además estaba afectada por un tumor, lo que desencadenaba una secreción disparatada de hormonas de crecimiento óseo.

Imagen del estadounidense Robert Pershing Wadlow, quien sigue teniendo el récord de ser el humano más alto de todos los tiempos. Alcanzó una estatura de 2 metros y 72 centímetros.

Imagen del estadounidense Robert Pershing Wadlow, quien sigue teniendo el récord de ser el humano más alto de todos los tiempos. Alcanzó una estatura de 2 metros y 72 centímetros.

La hormona del crecimiento, somatotropina o GH (del inglés growth hormone) es una hormona peptídica que es secretada por las células somatotropas (localizadas en las alas laterales de la adenohipófisis) y cuya función es la estimulación del crecimiento, reproducción celular y regeneración tisular en animales. Una secreción prolongada de GH da como resultado un engrosamiento en los huesos de la mandíbula, los dedos de los pies y de las manos, apareciendo asimismo otros problemas como resistencia a la insulina (lo que da lugar a una extraña forma de diabetes mellitus tipo II) o reducción de la función sexual (la disminución de la función secretoria de las gónadas se conoce con el nombre de gigantismo eunucoideo). Los tumores secretores de GH no suelen reconocerse antes de la quinta década de vida, por lo que su aparición durante la infancia o pubertad (este sería el caso de nuestro protagonista, habida cuenta de que falleció contando tan sólo 22 años de edad) es una circunstancia extremadamente rara. A estos casos de adenomas tempranos también se les conoce con el nombre de gigantismo pituitario, y serían los que afectarían tanto a Charles Byrne como al récordman Robert Wadlow (también fallecido a los 22 años de edad).

Hoy día, los casos de gigantismo derivados de un adenoma pituitario se pueden tratar quirúrgicamente, pero incluso en los casos en que esta operación no puede efectuarse, es posible tratar al paciente con antagonistas del GH tales como octreótido (un análogo de la somatostatina natural) o la bromocriptina (agonista de la dopamina, ya que la dopamina bloquea la liberación de GH por la adenohipófisis).

Estructura 3D del octreótido, obtenida por Chemsketch 8.0. El octreótido es usado como un fármaco análogo de la somatostatina, con lo que se usa para combatir la acromegalia a inhibir la liberación de GH.

Estructura 3D del octreótido, obtenida por Chemsketch 8.0. El octreótido es usado como un fármaco análogo de la somatostatina, con lo que se usa para combatir la acromegalia a inhibir la liberación de GH.

A pesar de que la ciencia ya ha dado explicación científica al gigantismo sufrido por Byrne, aún hay rencillas científicas por saldar. En el año 2.012 un grupo de académicos británicos publicaron en la revista British Medical Journal una petición para que el esqueleto del gigante irlandés descansara de una vez por todas en el mar de Irlanda, tal y como él hubiera querido. Frente a esta petición, Sam Alberti, director del Museo Hunter del Colegio de Cirujanos contestó que: El supuesto deseo de Charles Byrne de “enterrarse” en el mar carece de pruebas escritas o contundentes, […] no hay ningún testamento ni documento explícito que lo constate, al margen de los repetidos rumores”. A pesar de que muchos científicos consideran que Byrne ha cumplido de sobra con la comunidad científica (algunos manifiestan que se han realizado suficientes estudios de ADN como para conocer con sumo detalle la acromegalia, por lo que el cuerpo ya no tiene utilidad científica alguna), el esqueleto del irlandés recibe numerosas solicitudes anuales para ser estudiado, aunque Marta Korbonits, profesora de Endocrinología de la Universidad de Londres, es una peticionaria asidua. Korbonits estudia la acromegalia y ha detectado una mayor incidencia de esta enfermedad en Irlanda del Norte (de donde era oriundo Charles Byrne), donde uno de cada 10.000 habitantes parece estar afectado por algún tipo de crecimiento óseo desmesurado, lo cual es una alta prevalencia de sufrir la enfermedad si tenemos en cuenta que la población de Irlanda del Norte no alcanza los 2 millones de habitantes.

Como dijera el rockero argentino Luis Alberto “El Flaco” Spinetta: “Todo gigante muere cansado de que lo observen desde fuera”. Byrne parece abocado a vivir sin intimidad mientras se resuelve su litigio. Antonio Vega igual conocía de esta historia cuando escribió aquello de:

 

Lucha de gigantes,

convierte,

el aire en gas natural.

Un duelo salvaje,

advierte,

lo cerca que ando de entrar

en un mundo descomunal”.

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Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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