954 09 75 24    revista@hidden-nature.com

El químico John Dalton sospechaba que su visión no era correcta. Tras su muerte se confirmó que sufría daltonismo.

El químico John Dalton sospechaba que su visión no era correcta. Tras su muerte se confirmó que sufría daltonismo.

En la ciencia hay sobrados casos de enfermedades que se nombran en honor al primer paciente en el que se estudió dicha anómala manifestación o del médico o fisiólogo que la describió. El síndrome de Cobb, de Guillain-Barré o el de Patau son algunos ejemplos de lo que pasaré a explicar a continuación. Lo mismo ocurre con el daltonismo.

John Dalton (1.766-1.844) fue un químico nacido en Manchester  que a finales del siglo XVIII dio una formulación racional de la teoría atómica de la materia. Sus conclusiones estaban sustentadas en cuidadosos experimentos combinando pesos de elementos, de lo que dedujo finalmente que los átomos de cualquier elemento eran idénticos y se combinaban en proporciones fijas con los de otros elementos (algo que hoy día se nos antoja trivial). Empero, lo que aquí nos trae en esta ocasión es que Dalton era ciego para los colores, como habrán advertido tras leer el encabezamiento de este breve y el primer párrafo del mismo, dando nombre a esta condición y a quien sufre de ella. Así describía su discapacidad en “Memoirs of the Manchester Literary and Philosophical Society”:

“Siempre fui de la opinión, aunque no soliera mencionarla, de que los nombres de algunos colores eran muy poco razonables. El término rosa, en referencia a la flor de dicho nombre, parecía bastante adecuado; pero cuando se utilizaba el término rojo en lugar de rosa lo consideraba muy inadecuado; para mí debería haber sido azul, pues rosa y azul me parecían muy estrechamente relacionados [el rosa en cuestión debía haber sido más próximo al malva, ya que Dalton habría sido insensible al componente rojo]; mientras que rosa y rojo apenas tienen cualquier relación.

Foto de Geranium zonale

Dalton comprendió que su vista no era como la de los demás al observar una flor de Geranium zonale.

En el curso de mi dedicación a las ciencias, la de la óptica reclamaba necesariamente atención y me familiaricé muy bien con la teoría de la luz y los colores antes de que apreciara ninguna peculiaridad en mi visión. Sin embargo, yo no había prestado mucho interés a la discriminación práctica de los colores debido, en cierto modo, a lo que yo imaginaba que era una extrañeza de su nomenclatura. A partir del año 1.790, el estudio ocasional de la botánica me obligó a prestar más atención que antes a los colores. Con respecto a los colores llamados blanco, amarillo o verde, admitía sin problemas que se usaba el término apropiado. Azul, púrpura, rosa y carmesí parecían bastante menos distinguibles siendo, según mi opinión, todos ellos remitibles a azul. Muchas veces he preguntado seriamente a alguien si una flor era azul o rosa, pero, en general, aquellos a quienes preguntaba consideraban que estaba de broma. Pese a todo, nunca me di cuenta de que había una peculiaridad en mi visión hasta que accidentalmente observé el color de la flor del Geranium zonale a la luz de una vela en el otoño de 1.792. La flor era rosa, pero de día se me aparecía casi azul celeste. A la luz de la vela, sin embargo, cambiaba de forma sorprendente: ya no tenía ningún tono azul sino que era lo que yo llamo rojo, un color que forma un chocante contraste con el azul. [En realidad, habría parecido esencialmente gris o negro]. Sin dudar de que el cambio de color sería igual para todos, pedí a algunos de mis amigos que observasen el fenómeno; entonces quedé sorprendido al encontrar que todos ellos coincidían en que el color no era sustancialmente diferente del que tenía a la luz del día, excepto mi hermano, que la veía de la misma forma que yo. Esta observación demostraba claramente que mi visión no era como la de otras personas”.

Distribución de conos y bastones en la retina.

Distribución de conos y bastones en la retina.

Pero la historia de la ceguera de Dalton para el color tuvo que esperar siglo y medio más para llegar a su final. Dalton tenía la teoría de que él veía el mundo a través de un filtro azul y que su humor vítreo (una sustancia gelatinosa que se encuentra dentro del globo ocular) sería realmente azul. Así, dio instrucciones precisas para que tras su muerte, su ayudante, Joseph Ransome extirpara sus ojos y comprobara la conjetura. Ransome, de manera obediente, hizo lo que su mentor le encargó y abriendo el globo ocular, derramó su contenido sobre una lupa. La frustración llegó al observar que el humor vítreo de Dalton era perfectamente pelúcido. Acto seguido, hizo un agujero en el otro ojo y miró a través de él para ver si rojo y verde parecían idénticos y grises. El resultado fue negativo y Ransome concluyó que el defecto debía estar en el nervio óptico que conecta la retina con el cerebro.

Mientras tanto, los globos oculares mutilados fueron depositados en un recipiente con conservante y dejados al cuidado de la Sociedad Literaria y Filosófica de Manchester, y allí reposaron sin que nadie los tocara hasta que en 1.995, un grupo de fisiólogos de Cambridge pidió permiso a la Sociedad para tomar una pequeña muestra de la retina con el fin de extraer y amplificar el ADN mediante PCR, y examinar los genes (ya por entonces perfectamente caracterizados) de los tres tipos de conos retinianos implicados en la visión de los colores.

Los conos contienen unos pigmentos con diferentes sensibilidades a la longitud de onda. Partiendo de esta premisa, la denominada teoría tricrómica avanzada por Thomas Young a finales del siglo XVIII, resultó que Dalton era en realidad un deutérope, con un defecto en el pigmento óptico sensible a longitudes de onda intermedias, y no, como pensaba Young, un protánope, es decir, con un defecto en el pigmento sensible a longitudes de onda cortas.

Al menos a Dalton debe de quedarle la satisfacción de saber que sus globos oculares se han conservado tanto tiempo para arrojar más luz sobre su defecto óptico, y por qué no decirlo, para servir de hilo conductor en un artículo de la revista Science, que estas cosas hoy día se valoran mucho.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

¡Aviso! Hidden Nature no se hace responsable de la precisión de las noticias publicadas realizadas por colaboradores o instituciones, ni de ninguno de los usos que se le dé a esta información.


3 comentarios en “Dalton y el daltonismo

  • Pingback: La percepción de los colores cambia según el entorno - Hidden Nature

  • por may -

    en si que defucion puede ver esta enfermedad del dalnotismo?

      por Francisco Gálvez Prada -

      Hola May, no sé si te hemos entendido bien, pero el daltonismo no es una enfermedad mortal, tan solo dependiendo del tipo de daltonismo dejas de ver una serie de colores.

Deja una respuesta

Tu correo no se hará público. Campos obligatorios marcados con *

Sigue la actualidad por correo

¿Conoces nuestra APP?

Disponible para cualquier dispositivo