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Ejemplar de  Halichondria spp.

Ejemplar de Halichondria spp.

Si el lector acostumbra a pasear por la orilla de la playa, o incluso si tiene entre su lista de actividades lúdicas el buceo, no le debe resultar ajena la existencia de esponjas. Se podría decir que están por todos lados, aunque no reparemos en la importancia del papel que juegan. Esta vez no entraré a debatir su rol a nivel ecológico, sino como productores de fármacos de interés industrial y humano de cara a dar soluciones y/o paliar los efectos de enfermedades tan conocidas como el cáncer o el Alzheimer. A diferencia de lo que postulaba Bob Dylan, la respuesta no está en el viento, sino en las inmensidades del océano.

Ya desde tiempos remotos los nativos maoríes de Nueva Zelanda utilizaban la esponja Halichondria moorei para favorecer la cicatrización de heridas, frotándola contra la zona afectada. Pero no se ha descubierto lo que hay detrás de esa costumbre hasta ahora, ya que esta esponja contiene cantidades sorprendentemente elevadas de un compuesto antiinflamatorio, el fluorosilicato de potasio. Además, esta especie y otras cogenéricas producen un potente compuesto con actividad anititumoral, conocido como halicondrina. Éstas se caracterizan por presentar un potente efecto inhibidor del ciclo de división celular a concentraciones de nanomolar, interfiriendo con la polimerización del citoesqueleto, impidiendo que finalmente la célula se divida. Otro potente antitumoral ha sido aislado de la esponja caribeña Discodermia disoluta, con el añadido de que presenta actividad incluso sobre células tumorales resistentes al taxol y las epotilonas, siendo en la actualidad probado en animales de experimentación por la conocida empresa farmacéutica Novartis.

Otros compuestos de interés que están siendo actualmente objeto de estudio y ensayos clínicos son las manzaminas, extraídas de la esponja japonesa Haliclona spp., cuyo compuesto podría servir para tratar la malaria o la topsentina producida por la esponja endémica de Bahamas Spongoporites ruetzeri, cuyos ensayos clínicos para tratar el Alzheimer son prometedores.

Abran bien los ojos, porque apuesto sin duda alguna a que en las próximas décadas vamos a ser testigos de la comercialización de múltiples fármacos cuyo origen está en estas primas hermanas de la que habita en nuestro cuarto de baño.

Bibliografía:

Brusca R. & Brusca G. 2003. Invertebrados. Capítulo 6. Pp. 163-225. Editorial McGraw Hill.

De la Calle F. 2007. “Fármacos de origen marino”. Treballs de la SCB. Vol. 58. Pp. 141-155.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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