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Sello conmemorativo de la Cueva de la araña (Bicorp)

Sello conmemorativo de la Cueva de la araña (Bicorp)

Es un hecho cierto que la miel es uno de los alimentos que ha estado y está presente en la dieta humana desde tiempos remotos. Lamentablemente, lo que no podemos asegurar es si seguirá estándolo también en un futuro a largo plazo debido a la masiva pérdida de abejas en todo el mundo, tema que trae de cabeza a los ecólogos de sistemas, quienes no hacen más que plantear modelos predictivos sobre las consecuencias que puede tener sobre los diferentes ecosistemas la pérdida de estos antófilos himenópteros. Esto quizás esté fuertemente vinculado a que durante muchos siglos, la miel fue el único edulcorante conocido por la humanidad, tal y como consta en algunas pinturas rupestres del arte levantino, donde aparecen escenas de abejas y figuras humanas recolectando miel, incluso cuevas como la de la araña en Bicorp (Valencia) pueden considerarse hoy símbolo mundial de la apicultura.

Las abejas y la miel han sido por tanto, objeto de estudio desde los primeros naturalistas griegos y romanos, quienes le dieron a la apicultura la misma importancia que a cultivos como la vid o los cereales, redactándose múltiples tratados sobre sus características y propiedades, así como recetarios, debido a que era ingrediente indispensable de bebidas como el hidromiel o en la elaboración de salsas que acompañaban platos cárnicos, tal como recoge en sus textos el gastrónomo romano Marco Gavio Apicio, autor de De re coquinaria. Empero, no todas las variedades de miel eran iguales, como es obvio, teniendo algunas mejor aceptación entre los consumidores que otras. Para el propio Apicio no había otra mejor que la de tomillo (Thymus spp.), considerando la miel de brezo (Erica spp.) la de peor calidad.

Extensión Reino Cólquida

Extensión Reino Cólquida

No escapó a la observación de los naturalistas del mundo antiguo que existían asimismo mieles amargas, provenientes en mayor medida de Cerdeña, Córcega y buena parte de la extensión del Cólquide (lo que hoy día sería Georgia y el Cáucaso), incluso otras mucho más peligrosas también procedentes de estas zonas. Sí amigos, por raro que parezca, este producto tan corriente en nuestros hogares cuando llegan las fechas de que nuestras madres y abuelas elaboren pestiños o torrijas puede ser tóxico, originando al consumidor graves trastornos gastrointestinales, cardíacos, neurológicos y/o respiratorios. ¿A qué puede deberse entonces que existan mieles tóxicas?

Con plantas de la familia Ericaceae, como Kalmia angustifolia, se puede producir una miel tóxica.

Con plantas de la familia Ericaceae, como Kalmia angustifolia, se puede producir una miel tóxica.

Para empezar, la variedad de mieles es tan amplia como especies de plantas melíferas podemos encontrar en la naturaleza. Así, dentro de la variedad floral con la que las abejas elaboran mieles, podemos encontrar especies más o menos tóxicas, pudiendo serlo además bien de manera permanente o tan sólo en determinadas épocas del año. Principalmente, estas mieles tóxicas se asocian tanto a la familia Ericaceae, donde podemos encontrar especies tóxicas tales como Rhododendron ponticum, Rhododendron albiflorum, Azalea spp., Kalmia angustifolia o Ledum palustre entre otras muchas, como a determinadas especies de la familia Solanaceae como Datura stramonium, Datura metel o Hyoscyamus niger.

Ya en el s. XIX aparecieron noticias acerca de intoxicaciones provocadas por este tipo de mieles en países como Brasil, Sudáfrica, Japón, la Columbia Británica o Nepal, y fue precisamente a finales de este mismo siglo (1891) cuando el alemán Plugge aislaba un compuesto tóxico de miel proveniente de Trebisonda (Turquía, localidad situada junto al Mar Negro, muy cercana al antiguo reino de Cólquide): la andromedotoxina, actualmente denominada acetilandromedol, pertenecientes al grupo de las grayanotoxinas, las cuales conforman un grupo de toxinas que se encuentran presentes en el género Rhododendron y otras muchas plantas pertenecientes a la familia Ericaceae.

Estructura química de las Grayanotoxinas.

Estructura química de las Grayanotoxinas.

Las grayanotoxinas son pues diterpenos cíclicos polihidroxilados que actúan uniéndose a nivel de canales de sodio específicos de la membrana celular, es decir, más concretamente en los sitios receptores involucrados en la activación e inactivación de las células excitables de nuestro organismo, dejando a las mismas permanentemente despolarizadas. Los síntomas de intoxicación por grayanotoxinas empiezan a manifestarse en un lapso de tiempo que varía entre unos cuantos minutos y las 3 horas, según la cantidad ingerida. La intoxicación cursa con salivación excesiva, transpiración, vómitos, mareos, astenia, disminución de la presión arterial y bradicardia, etc. A pesar de los problemas cardíacos potenciales por intoxicación con grayanotoxina, raramente resulta fatal, durando generalmente menos de un día, siendo escasos los casos que necesitan de intervención médica.

Lo que vuelve a quedar claro es que una vez más, los romanos y griegos conocían de la existencia de mieles tóxicas (aunque no alcanzaran a conocer los mecanismos neurológicos subyacentes a este procedimiento). Que le pregunten a los soldados de Pompeyo, quienes fueron intoxicados según nos cuenta Estrabón por los heptacometas al mezclar varias cráteras de vino con miel tóxica de Ericáceas del actual nordeste de Turquía y dejarlas dispersas a lo largo del camino realizado por la cohorte romana durante su incursión bélica. Una vez hubieron ingerido los soldados el ingenioso brebaje, acabaron “enloquecidos”, lo que facilitó la tarea a los adversarios heptacometas, que los aniquilaron sin mayor dificultad.

Y es que no es oro todo lo que reluce. Puede que sea miel, pero tenga cuidado, recuerde eso de “ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”, ya que quizás alguien quiera salvar alguna cuenta pendiente del pasado con usted y le quiera dar una “muerte dulce”.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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