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Artículo dentro de la #SemanaDelAcuario.

 

Ejemplar de pez loro de la especie Scarus vetula.

Ejemplar de pez loro de la especie Scarus vetula.

Imagine encontrarse en una paradisíaca playa tropical de arena blanca, como la cubana Playa Paraíso, o en Grand Anse, en la isla de La Digue, perteneciente al archipiélago de las Seychelles ¿Le apetecería recostarse en semejante enclave? Y aún más con el frío que hace actualmente en nuestras latitudes, ¿cierto? ¿Pero se ha planteado alguna vez de dónde provenía semejante arena blanca? Muchos imagino que contestarán que han leído en National Geographic que la arena blanca proviene de la estructura calcárea que componen los arrecifes coralinos. En cierto modo es así, pero hay un obrero que se dedica a desmenuzar esos trozos de “roca calcárea” hasta convertirlos en el polvo que pisamos en aquellos virginales y remotos vergeles marinos, refugios de la naturaleza: el pez loro.

Este humilde “obrero” de la roca calcárea es una especie de pez tropical perteneciente a la familia Scaridae que destaca por sus llamativos colores, así como por la forma de su boca, que se asemeja al pico de los loros. La llamativa coloración de los peces loro cambia con la edad, puesto que en su juventud son blancos, adoptando posteriormente numerosos tonalidades. Así, las hembras son normalmente bicolores, mostrando tonalidades amarillo-verdosas, mientras los machos despliegan una elevada gama cromática que va desde el azul al púrpura, pasando por tonos asalmonados o rosados.

Algunas playas de arenas blancas se formaron gracias a la acción de los peces loro.

Algunas playas de arenas blancas se formaron gracias a la acción de los peces loro.

Pero centrémonos en la alimentación de este curioso Perciforme. Como hemos expuesto anteriormente, el pez loro está provisto con un pico que le permite morder el “esqueleto” calcáreo de los corales. Esto lo hace no porque se alimente de la estructura calcárea que da soporte al coral, sino para alimentarse de las algas y pequeños crustáceos que crecen sobre ella. Un momento, ¿he dicho pico? ¡Paren las rotativas! En realidad, lo que llamamos pico son realmente una serie de dientes individuales que se han agrupado para formar una estructura con la apariencia ya sabida. Una vez arrancada una porción del arrecife cubierto de algas, los dientes faríngeos, es decir, unas potentes muelas localizadas en la garganta para que nos entendamos, van a acabar por triturar finamente las duras piedras calcáreas ingeridas conjuntamente con el alimento. Finalmente, en el estómago del pez loro se extraerán los nutrientes una vez digeridas las algas y pequeños moluscos ingeridos, siendo expulsado por el ano la roca calcárea ingerida al trocear el coral en forma de arena fina, que por acción de las olas y corrientes marinas la desplazarán hasta la costa, formando parte del paisaje evocado al comienzo de este breve.

A todo esto, debo decirles que existe una particularidad y es lo “difícil” de conservar en acuarios de este pez, puesto que necesita alimentarse constantemente de las rocas de los corales, ya que de lo contrario sus dientes crecen demasiado al no poder limar el pico con ninguna superficie sólida. Algo parecido a lo que les pasaban a nuestros conejitos, ¿recuerdan? ¿Quieren saber cómo solucionan este problema nuestros amigos del Acuario de Sevilla? Pues tendrán que hacerles una visita y preguntarle a los amables guías. Seguro que no tendrán reparos en contestaros a ésta y otras cuestiones con una sonrisa en la boca.

Entre tanto os dejamos un vídeo de un grupo de peces loro Napoleón creando playas paradisíacas:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=8T-gnZevlaY[/youtube]

 

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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