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Breves Drosophila
  • martes, 24 octubre, 2017 a las 16:32
  • por Eduardo Bazo Coronilla

¿Por qué las cucarachas siempre mueren panza arriba?

¿Por qué las cucarachas siempre mueren panza arriba?

La ciencia da respuesta a grandes problemas de la humanidad, o al menos lo intenta. A diario podemos leer en blogs, redes sociales o en diferentes medios de comunicación que se está avanzando mucho en la lucha contra el cáncer y se ha descrito algún nuevo marcador tumoral. O que un nuevo experimento ha revelado que tal o cual proteína está implicada en el desarrollo del Parkinson o el Alzheimer. Son grandes logros de la innovación tecnológica, médica, biológica o biotecnológica, nadie puede negarlo. Empero, la ciencia tiene la obligación de explicar no sólo lo complejo, sino también lo cotidiano, lo trivial. Si me lo permiten, diría que hasta lo que puede resultar una grosería o una banalidad.

Andre Geim

Andre Geim, físico ruso galardonado en el año 2.000 con el IgNobel de Física por hacer levitar por medio del diamagnetismo a una rana. Una década después, recibió el Nobel en la misma disciplina por el descubrimiento del grafeno y sus posibles aplicaciones y propiedades.

Cada año leemos con una mezcla de asombro e hilaridad las páginas donde se recogen los premios IgNobel del año. A mi, personalmente, me gusta llamar a los IgNobel como crónicas de la ciencia improbable, ya que estos investigadores han buscado solución a enigmas a los que otros muchos colegas desprecian por carecer de interés. Nada más lejos de la realidad. Todos conocemos casos de premios IgNobel que más tarde han recibido el máximo galardón a la innovación o la contribución científica en determinada materia y/o disciplina, ¿verdad Andre Geim? Y nadie pensaba que una rana sería capaz de levitar por medio del diamagnetismo. ¿O acaso nadie lo intentó antes que el físico ruso? Sea como fuera, él es de los pocos que puede presumir de tener los dos galardones.

Y mientras tanto, en éstas llego yo, y como estamos aún en Carnavales, pues me he preguntado: ¿por qué no desmarcarme de lo que hacen mis compañeros y divulgar una “tontá”? ¿Acaso no me he preguntado más de una vez por qué la tostada suele caer siempre del lado de la mantequilla? ¿No soy un pensador de sobremesa? Y entre tanta y tanta chirigota y murga, Don Carnal (en forma de jefe con látigo y sombrero de copa) me permitió sacar un rato para hacer este breve. Uno más ligerito de lo que suelo ofrecer. Por eso hoy les voy a explicar por qué las cucarachas mueren panza arriba. Este será pues, un breve para leer en el inodoro o en la barra de un bar.

Mucho es lo que sabemos sobre las cucarachas. Estos blatodeos de cuerpo aplanado pueden estar hasta un mes sin agua y entre dos y tres meses privadas de alimento ¡e incluso soportar un índice de radiación entre 6 y 15 veces mayor de lo que soportaría un cuerpo humano! De ahí que  siempre se haya dicho que las cucarachas resistirían una guerra nuclear. Sin embargo, ¿sabemos por qué las cucarachas siempre mueren boca arriba? ¿Os habéis percatado alguna vez de esto que os traslado? ¿No? Seguro que a la próxima no es os pasa por alto.

Fumigador

Fumigador antiguo comercializado por una conocida marca de insecticida francés.

La explicación es muy sencilla, y radica en la morfología del animal y en una cuestión meramente fisiológica. No hay trucos de magia. Supongamos que aplicamos  un insecticida común (de pequeño recuerdo que comercializaban uno con un nombre muy sugerente que recordaba, no sé si a modo de homenaje, a la cucaracha). Como norma general, un insecticida actúa sobre la popularmente conocida como bomba de Na-K, con lo que el cerebro del organismo pasa de mandar mensajes regulados a través de las neuronas hasta las diferentes partes del cuerpo a mandar un mensaje continuo. Así, el insecticida provoca en la cucaracha “temblores” y finalmente, una parálisis general en el cuerpo del insecto. De esta forma, las patas, al contraerse por medio de este espasmo provocado por el uso del insecticida hace que el animal se ladee y termine panza arriba. Una vez en esta posición, la cucaracha seguirá muriendo lentamente, ya que el pago evolutivo al ser tan resistente a condiciones o situaciones extremas es una lenta agonía.

Ya os podéis acostar sabiendo una cosa más. Como véis, no se trata de un importante hallazgo en materia científica, pero podéis presumir delante de alguna chica o cerrarle la boca a algún cuñado metomentodo y “marisabidillo” (esta es una palabra de nuevo cuño, porque parece ser que para la RAE sólo las mujeres pueden presumir de saber mucho. Será que ninguno de ellos tienen un cuñado). Estas “chuflas” de la ciencia, como algunos lo tildarán tienen más de científico de lo que puede parecer a priori. ¡Y aquí seguiré yo para acercárosla, sagaces lectores!

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Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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