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Microbiota. Hay un amigo en ti.

  • lunes, 16 octubre, 2017 a las 16:32
  • por Eduardo Bazo Coronilla

Imagen de Salmonella typhimurium.

No todas las bacterias, como Salmonella typhimurium, nos producen enfermedades. Algunas incluso no pueden beneficiar.

Al menos eso decía el músico y compositor Randy Newman en una de sus creaciones realizadas con motivo de la película de animación de Pixar “Toy Story”. Vale, reconozco que no era del todo así la canción, pero la he parafraseado por un motivo muy simple, y es que dentro de todos nosotros, hay un gran amigo. Diría más, hay un aliado. Su nombre es de difícil pronunciación para quienes no lo conocen, pues atiende al nombre de microbiota, pero los amigos les llamamos afectuosamente “micro”.

Hoy he querido hablarles de este tema por un motivo muy simple. Todos hemos hecho muchos excesos en estas fiestas y quien más quien menos hemos cogido algún que otro indeseable kilo (son épocas de ponerse forrondosco a base de mazapanes, mantecados, peladillas, turrones y demás delicias) que ahora tendremos que bajar como se pueda (no existe una forma milagrosa de bajar peso, lo siento amigos, toca sudar y reducir la ingesta calórica). A todo esto, habrá algunas mamás que les estén diciendo a sus golosos peques que no abusen de los dulces porque se les pueden caer los dientes, mientras yo, dados los refritos que ponen en estas fechas en televisión, me he decidido sentarme delante del ordenador y darle un buen uso al regalo que me ha traído Artabán por adelantado, un manual de Microbiología (las piedras preciosas se le han debido olvidar de camino a casa. Así es obvio que esté condenado al ostracismo al que llaman “cuarto rey mago”).

Delante de semejante  tomo, empecé a hilvanar ideas, y de aquel “brain storming” ha salido este artículo, que aunque tiene como hilo conductor la Navidad, poco tiene que ver el cuerpo del mismo con estas fiestas, sinceramente. Pero no se marchen, que voy a darles la razón científica de por qué se nos caen los dientes comiendo dulces, e incluso de la obesidad. Sí, también quién es ese amigo que tenemos dentro de nosotros mismos, pues microbiota no es más que el “alter ego” de las bacterias. Han oído bien, bacterias.

Ahora mismo se estarán preguntando cómo una bacteria puede ser un gran aliado nuestro, si la salmonelosis, la fiebre Q, la disentería bacilar o la meningitis bacteriana entre otras, son enfermedades provocadas por estos microorganismos. Espero que con esta afirmación, empiece a estimar más a estos pequeños seres vivos: “Tenemos 10 veces más bacterias que células humanas”. Asimílela, porque sobre este argumento voy a cimentar el resto de este artículo, que ya le adelanto que es un poco menos breve que de costumbre. La ocasión lo merecía, y al final del mismo acabará por darme la razón, o al menos eso pretendo.

Las bacterias del género Lactobacillus son las más representativas de la microbiota de la vagina.

Las bacterias del género Lactobacillus son las más representativas de la microbiota de la vagina.

La diversidad de microbios en nuestro organismo es enorme. Se estima que en nuestro cuerpo habitan más de 10.000 especies bacterianas diferentes. En general, nuestras comunidades microbianas están compuestas de algunos tipos bacterianos (muy pocos) que son muy abundantes y frecuentes, junto con otras muchas bacterias distintas pero representadas en escaso número. Es decir, que aunque la diversidad es enorme, hay algunas pocas bacterias con las que nos llevamos muy bien y aparecen mucho en nuestro cuerpo. Aunque no le guste, tan bien se lleva con ellas, que aproximadamente 2 Kg de su peso son “masa bacteriana”.

Podemos definir pues, tras esta breve disertación, a la microbiota como el conjunto de microorganismos (bacterias, hongos, levaduras, virus, etc…) que se localizan de manera normal en diferentes sitios del cuerpo humano. Son los microorganismos que se encuentran en el cuerpo en individuos sanos. De esta manera, hace unos años comenzó un ambicioso proyecto denominadoProyecto Microbioma Humano” para conocer los microbios que pueblan nuestro organismo, tratando de obtener un “mapa” de nuestras bacterias. Tanto ha trascendido a la comunidad científica el desarrollo de este ambicioso proyecto, que algunos ya consideran a este microbioma humano como nuestro segundo genoma.

De este estudio, se desprenden numerosas evidencias científicas, aunque no todas ellas las conocemos a fondo. Sin ir más lejos, no sabemos por qué, pero el tipo de bacterias es muy variable entre personas, es decir, las bacterias que tienes tú como “aliadas” son distintas de las mías. El microbioma es único de cada individuo. Además, la comunidad de bacterias en una persona determinada cambia a lo largo del tiempo, atendiendo a la edad, el sexo, la dieta, el grado de obesidad, la inmunidad, la genética del individuo, y también de otros factores como el clima o la propia higiene personal. Cuando se compara la microbiota en distintas zonas del cuerpo, se observa que las bacterias presentes son muy diferentes (obsérvese la tabla adjunta para mayor información). De esta forma, la mayor diversidad microbiana la encontramos en el tracto intestinal y en la boca, mostrándose una diversidad media en la piel, mientras donde menos especies distintas de bacterias hay es en la vagina, donde el género más ampliamente representado es Lactobacillus.

Bacterias que forman parte de la microbiota humana

Como se puede ver en la tabla, en la boca predominan los géneros Streptococcus, Haemophilus, Actinomyces y Prevotella, así como bacterias  anaerobias. Volviendo a la situación del niño glotón, le diremos a su madre que el motivo por el que se caen los dientes al abusar de los dulces navideños responde a que estas bacterias producen sustancias adherentes que les permite crecer sobre la superficie de los dientes, formando biopelículas o biofilms de cultivos mixtos que forman la archiconocida placa dental. Los ácidos producidos por estos microorganismos de la placa dental dañan la superficie del diente y provocan así la caries dental, más concretamente Streptococcus mutans. Lo cierto es que les estoy contando una media verdad, pues en realidad la relación entre el consumo de azúcar y la caries dental no es directa, ya que el azúcar no produce caries. El exceso de azúcar lo que favorece es la formación de esos biofilms bacterianos en la placa dental, que por la acción de las citadas bacterias, las cuales producen ácidos, acaba dañando la placa dental y acaba produciendo la caries, una de las enfermedades infecciosas más comunes en nuestra sociedad. (Les suela ahora de cierto anuncio aquello del “acid sugar neutralizer”, ¿verdad?).

Streptococcus mutans es una bacteria que está implicada en la caries dental.

Streptococcus mutans es una bacteria que está implicada en la caries dental.

Aún me quedan dos preguntas por responder que seguro serán de su interés. La primera es saber de dónde provienen todas estas bacterias y microbios que están en nuestro cuerpo. La respuesta es sencilla, del medio exterior (espero que ninguno pensara en la generación espontánea como solución a este dilema). Obviamente, el feto vive en un ambiente estéril dentro del seno materno (la placenta), hasta que ocurre el nacimiento. En ese momento, el bebé es expuesto a la microbiota normal del tracto genital de la madre, junto con todas aquellas bacterias que hay en el ambiente, como son las presentes en las manos o la respiración de cualquier persona cercana al bebé. Desde el momento mismo del alumbramiento, comenzamos a reunir nuestra propia “colección de microbios”, que serán distintos de los de otras personas, como ya avanzamos anteriormente.

En pocos días, los microbios se  extenderán, colonizarán y se adaptarán a los distintos sitios del bebé, evolucionando a medida que este lo vaya haciendo (las bacterias de la cavidad oral serán sustituidas por otras según el niño vaya desarrollando la dentición, incluso la microbiota del intestino dependerá del tipo de alimentación que tenga el bebé, sin ir más lejos). Por ejemplo, el mencionado proyecto reveló que la microbiota de los bebés alimentados con leche materna es mucho más diversa que la de los bebés alimentados con leche artificial, rica en bacterias del grupo de los Firmicutes y más baja en el contenido de representantes del grupo Bacteroidetes. Por lo tanto, para los microbios y para la salud del bebé, sin duda es mejor la leche materna. Pero no solo eso, la leche materna también ayuda a alimentar a los propios microorganismos del bebé. ¿Cómo? ¿Que no se lo creen? Tranquilos, que se los explico. Verán, uno de los componentes más abundante en la leche materna son los oligosacáridos (moléculas compuestas por unos pocos azúcares), que los bebés no pueden digerir. ¿Para qué sirven entonces? Ayudan a que aumente la población de bifidobacterias en el intestino del recién nacido, siendo predominantes durante los cuatro primeros meses de vida. Además, estos oligosacáridos son más que alimento para los microbios, puesto que numerosos estudios sugieren que los oligosacáridos actúan como anti-adhesivos antimicrobianos que previenen que los microbios patógenos como Streptococcus pneumoniae, Escherichia coli o Listeria monocytogenes se unan a la superficie de la mucosa del intestino del neonato, disminuyendo así el riesgo de sufrir una infección.

Con todo lo que ya les he ido contando a lo largo de este breve, comprenderán ahora la importancia que el equilibrio entre las comunidades microbianas que conforman la microbiota normal de nuestro cuerpo es de vital importancia para nuestra salud. Nuestra salud depende de nuestras bacterias en tal grado, que recientemente se han obtenido ciertas pruebas de la relación estrecha que existe entre la composición de los microbios del intestino y la obesidad, pues parece ser que los sujetos obesos presentan una menor diversidad bacteriana en su intestino que las personas con peso normal.

Hasta tal punto llega la importancia de la microbiota en el organismo que se han publicado también estudios que relacionan la composición de la microbiota intestinal con el autismo en ratones, observándose que un tipo concreto de bacteria estaba casi ausente, y que tras alimentar a los animales con esa bacteria, no sólo mejoraron los problemas intestinales, sino también los síntomas de autismo. Por supuesto, al estar realizados estos estudios en ratones no sabemos qué ocurriría en humanos, si los resultados son fácilmente extrapolables o no. Desde luego, sirven para abrir nuevas vías de investigación y sobre todo, demuestran la importancia para nuestra salud de cuidar y llevarse bien con nuestros propios microbios. Nuestras bacterias no son meros pasajeros que llevamos dentro, tienen un papel fundamental en nuestra salud, como ha quedado claro tras leer este breve.

Y si os habéis quedado con ganas de más, aquí os dejamos un par de vídeos:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=5DTrENdWvvM[/youtube]

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=0XrLUAzFtjA[/youtube]

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Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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