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BoxeoDesde antaño se ha mantenido y sostenido la imagen de que el cerebro es el tejido más noble, delicado y complejo. Es el órgano rector y director que regula las demás funciones de nuestro organismo, como el control de la temperatura corporal o el vótimo, entre las miles de órdenes que ejecuta y que por todos son conocidas.

El hombre, en su afán de mostrarse como un líder de manada dejando patente su poderío físico, empezó a desarrollar la actividad del pugilismo, el que hoy se conoce como boxeo, cuyo objetivo es batir al contrincante a base de golpes, siendo la victoria por conmoción cerebral (el denominado knockout) la que enarbola los ánimos de los asistentes a los pabellones de deportes de medio mundo (véase el MGM de Las Vegas cualquier fin de semana). Mientras tanto, el hombre que está tendido en la lona acaba de sufrir la interacción de dos vectores en su rostro: por un lado, la fuerza del guante lanzado contra su faz por el oponente y de otro, la resistencia al golpe por éste último. De esta manera, en el momento del impacto, las dos masas se deforman, acelerándose la cabeza y desacelerándose el puño, tal que más allá de la técnica de cada púgil y las características de cada uno de ellos, y suponiendo un impacto central, se produce una aceleración lineal en la que la cabeza es desplazada mientras la masa encefálica sufre un violento desplazamiento de retroceso producto de la inercia. Con todo ello, la distancia entre encéfalo y el interior de la caja craneana se reduce, produciéndose un aumento de la presión intracraneal.

Podemos resumir a este respecto los hallazgos realizados por Unterhernscheit y Sellier, en el estudio de los efectos de la intensidad y la frecuencia del golpe sobre el encéfalo en animales de experimentación. Encontraron que tras un simple golpe de intensidad subconcusiva no se observaron cambios aparentes en el comportamiento del sujeto de experimentación ni en la histología. Sin embargo, la aplicación repetida de 10 ó 15 golpes de la misma intensidad en intervalos de 10 segundos, produjo daño cerebral permanente. Por otro lado, un impacto único de intensidad conclusiva no provocó cambios morfológicos, pero si éste se repetía en intervalos de 1 a 2 días aparecía daño cerebral permanente. Dichos estudios concluyeron que impactos de menor intensidad repetidos en cortos periodos de tiempo causaban mayor daño cerebral que golpes de mayor intensidad administrados con menor frecuencia. Además, demostraron que los impactos que provocan rotación de la cabeza provocan diferentes lesiones que los golpes directos, ya que los golpes oblicuos podían provocar lesiones simétricas alrededor de la línea media en forma de hematoma subdural, hemorragia subaracnoidea o hematomas corticales.

Soy apasionado del boxeo, pero esto no quita que sea consciente de los peligros que entraña la práctica de esta actividad. Hoy día, los púgiles están sometidos a exhaustivos controles médicos durante toda su vida deportiva así como durante los combates, parándose el mismo si la vida del púgil o la integridad física del mismo corre serio peligro.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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