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Caricatura de Lewis Carroll acompañado de algunos de los personajes de la novela "Alicia en el país de las maravillas".

Caricatura de Lewis Carroll acompañado de algunos de los personajes de la novela “Alicia en el país de las maravillas”.

Todo el mundo sabe que la metamorfosis más ilustre de la historia de la literatura universal es la escrita por el checo de origen judío Franz Kafka, la cual vió la luz allá por 1915. En ella, Gregor Samsa parece convertirse en una cucaracha (digo parece porque si leen con atención el manuscrito, no queda claro en ningún momento que así sea, pero siempre se ha dado por sentado que era así). Mediante esta acertada metáfora, Kafka nos dosifica constantes referencias y críticas a la sociedad autoritaria y burocrática de su época, en la que el individuo queda relegado a la nada, siendo aplastado literalmente por una maquinaria institucional apabullante que no comprende y la cual tampoco muestra interés por comprenderle. Efectivamente, la metamorfosis más reconocida es la relatada por Kafka en su novela, pero no es la única metamorfosis literaria. ¿Recuerdan la metamorfosis de Ovidio, donde narraba la creación del mundo y aquellas historias de héroes grecolatinos?¿Y aquel libro escrito por el matemático británico Charles Lutwidge Dodgson? ¿No? Quizás si les digo el pseudónimo se les venga a la cabeza de inmediato una novela: Lewis Carroll.

Exacto, Lewis Carroll. ¿No reconocen la novela? ¿Creen que no tiene nada que ver “Alicia en el país de las maravillas” con la metamorfosis? ¿Seguro? Si atendemos al significado de la palabra metamorfosis, ésta proviene del griego meta- (que significa alteración) y -morphos (forma). Como ven, el caso de Kafka es una metamorfosis en toda regla, pero no siempre la metamorfosis ocurre necesariamente entre dos especies diferentes, como en el caso del escritor de Bohemia. El gusano de la seda y su correspondiente mariposa no son especies distintas, a pesar de que para pasar del primer estadío al segundo sea necesario un cambio de forma. Definida pues la palabra metamorfosis, espero que entiendan qué pinta Alicia C. Blanco en todo esto. Así, en la obra de Carroll, Alicia era capaz de cambiar de tamaño, es decir, metamorfosearse. Si recuerdan, al caer por la madriguera tras intentar perseguir al conejo blanco (C. Blanco, tal y como aparecía en su casa. De ahí el juego de palabras del título), la niña se topa con un frasco que en su etiqueta pone claramente “BÉBEME”. Al hacerlo, la niña encoge su talla hasta llegar a medir 25 centímetros de altura. Para recuperar su estatura, debería comer acto seguido de un pastel que mostraba un letrero que rezaba “CÓMEME”.

En 1952, lo que parecía tan sólo ficción, acabó convirtiéndose en realidad. Lippman describe ese mismo año a 7 pacientes afectados por migraña clásica que decían presentar distorsiones raras de su imagen corporal, lo que a menudo les obligaba a mirarse en el espejo para comprobar la misma. Según rezan algunas de las anotaciones realizadas por Lippman sobre este extraño suceso clínico, algunos de los pacientes sentían la sensación de que “su oreja izquierda se hinchaba 15 centímetros”, o por contra, la de “que todos pasearan rápido, moviéndose demasiado deprisa”. Tres años más tarde, Todd describe los mismos trastornos en otros pacientes, considerándolos un grupo singular de síntomas íntimamente ligados a enfermedades como la migraña y/o la epilepsia, aunque no confinados únicamente a éstos. ¿Comprenden ahora cuál es la relación entre el cuento de Lewis Carroll y esta enfermedad? ¿No? Todd bautizó a la enfermedad descrita por Lippman y sobre la que él realizó nuevas averiguaciones a la postre con el nombre de “Síndrome de Alicia en el país de las maravillas”.

Imagen de Alicia en pleno proceso macrópsico mientras se encuentra en la casa del señor C. Blanco. Ilustración de John Tenier.

Imagen de Alicia en pleno proceso macrópsico mientras se encuentra en la casa del señor C. Blanco. Ilustración de John Tenier.

Los individuos afectados por este síndrome se caracterizan por presentar trastornos complejos de la percepción visual, que incluye además de las alteraciones en la forma (metamorfosis) a otras como: alteraciones en la percepción del tamaño (micropsia y/o macropsia), de la situación espacial de los objetos (teleopsia, efecto zoom, etc…), en el transcurso del tiempo, etc… Cabe destacar que a pesar de lo “lisérgica” que pueda parecer a simple vista la experiencia para el paciente, no lo es, ya que en todo momento éstos son conscientes de la naturaleza ilusoria de sus percepciones. Tal es así, que en muchos casos, las descripciones dadas por los afectados a los servicios médicos son archivadas dentro de episodios psicóticos en el mejor de los casos, cuando no se consideran provocadas por el consumo de drogas como el LSD o la marihuana.

Imagen del virus de Eptein-Barr, desencadenante de la mononucleosis.

Imagen del virus de Eptein-Barr, desencadenante de la mononucleosis y que puede dar lugar a episidios o brotes del síndrome de “Alicia en el país de las maravillas” que remiten cuando cesa el proceso vírico.

Como ya se ha mencionado brevemente, el síndrome de Alicia en el país de las maravillas es un trastorno relacionado con las migrañas, aunque no es exclusivo de ellas, puesto que se ha descrito en casos de pacientes contagiados por el virus de Epstein-Barr principalmente (mononucleosis infecciosa, vulgarmente conocida como “enfermedad del beso”) y otros pacientes infectados por virus como el Coxsackie B o la varicela, fenómenos que han remitido tras el cese de la enfermedad que los originó. Pero el síndrome de Alicia no sólo lo desencadenan procesos víricos, a pesar de ser el desencadenante más común tras el inicio de un período migrañoso. Así, Evans reportó en la década de los 90’s varios casos de pacientes migrañosos, de los cuales tres, además, parecían mostrar síntomas que encajaban con las descripciones realizadas para el literario síndrome y acabó deduciendo que existía una clara asociación dosisdependiente con el uso de topiramato, un conocido fármaco antiepiléptico, aunque actualmente se utiliza en otros tratamientos frente la obesidad o el tabaquismo.

Pero como todo en el mundo de la ciencia, no basta con conocer qué la provoca. Los científicos somos como “vampiros” sedientos de conocimiento y siempre queremos más. La siguiente pregunta a responder es pues ¿en qué zona cerebral se localiza o desencadena tan extraordinario comportamiento?

Esquema del cráneo humano donde aparecen representadas las diferentes zonas del mismo.

Esquema del cráneo humano donde aparecen representadas las diferentes zonas del mismo.

La mayoría de los investigadores piensan, basándose en estudios de estimulación cerebral directa, que estas particulares distorsiones surgen en una zona del cerebro conocida como lóbulo parietal posterior, más especialmente en el hemisferio no dominante. Esta idea se dedujo del estudio de diversas lesiones cerebrales en individuos que manifestaban la sintomatología propia del síndrome de Alicia, en el que todos ellos mostraban severamente afectada la zona temporooccipital y/o la parietooccitotemporal. Esta tesis acabó reforzándose gracias a los estudios realizados por Bollea, en el que mediante estimulación eléctrica del córtex parietal posterior consiguió inducir a diferentes sujetos experimentales la distorsión aparente de su imagen corporal.

Me despido por hoy hasta la próxima entrega de “Síndromes sin piedad”. Ya casi es la hora del almuerzo y empiezo a tener un hambre atroz. Voy a ver si doy caza al puñetero conejo que ha estado importunando mi escritura durante todo este tiempo. ¿Os apetece un poco de arroz con una tajadita de conejo blanco?

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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Un comentario en “Síndrome sin piedad VIII: la metamorfosis de Alicia C. Blanco

    por Marcela -

    tuve telopsia cuando era muy chica. lo recuerdo como si fuera hoy

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