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Breves Drosophila
  • miércoles, 18 octubre, 2017 a las 16:32
  • por Eduardo Bazo Coronilla

Única fotografía conocida realizada a un supuesto tarpán vivo. Posiblemente no se tratase de un ejemplar puro. El animal pertenecía al zoológico de Moscú. Ejemplar masculino de unos 18 años de edad denominado Mane. De color gris, mostraba una mancha blancha en la parte delantera izquierda de la tibia. Se cree que Mane fue capturado en 1866 en Zagradovsk y que falleció en 1880.

Única fotografía conocida realizada a un supuesto tarpán vivo. Posiblemente no se tratase de un ejemplar puro. El animal pertenecía al zoológico de Moscú.
Ejemplar masculino de unos 18 años de edad denominado Mane. De color gris, mostraba una mancha blancha en la parte delantera izquierda de la tibia. Se cree que Mane fue capturado en 1866 en Zagradovsk y que falleció en 1880.

Si preguntásemos a nuestros vecinos o amigos si han oído hablar de este animal, probablemente nos dirán que no, y consecuentemente además aseverarán que dicho animal, de existir, debe pertenecer al ámbito de la criptozoología, como el Yeti, o al de la mitología, como el Leviatán que nos describía el Génesis. No es este el caso que tenemos entre manos ni el ámbito que nos preocupa, más allá de desenmascarar a la luz de la ciencia de cuando en vez qué se esconde bajo los vampiros.

Lo que tratamos de trasladarles hoy no es más ni menos que la historia de un animal extinto recientemente, al que considero “doblemente maltratado por el hombre”. Concretamente, vamos a contaros la historia del antepasado salvaje euroasiático extinto del caballo doméstico (Equus ferus caballus). Para poner al lector en antecedentes, se hace de perentoria necesidad realizar un breve bosquejo histórico-taxonómico de nuestro invitado hoy a ocupar la primera plana de la edición digital de la revista (el Daily Planet lo tienen vedado a todo aquél que no sea Superman, lo siento amigo, son órdenes de Perry White).

Retrato del químico y naturalista alemán Johann Friedrich Gmelin, primer en describir al tarpán durante un viaje por la ciudad rusa de Voronezh. Hoy día, alrededor de 90 variedades o especies taxonómicas llevan como epíteto específico su nombre en su honor.

Retrato del químico y naturalista alemán Johann Friedrich Gmelin, primer en describir al tarpán durante un viaje por la ciudad rusa de Voronezh.
Hoy día, alrededor de 90 variedades o especies taxonómicas llevan como epíteto específico su nombre en su honor.

El tarpán fue visto y descrito por primera vez por el naturalista y químico alemán Johann Friedrich Gmelin en 1769 mientras recorría el centro de la parte europea de Rusia, más concretamente en las inmediaciones de la ciudad de Vorónezh, capital de la histórica región de Chernozemie (a los que estudiaron Edafología como yo, les sonará por el tipo de suelo, de color negro y rico en humus y fósforo, muy provechoso desde el punto de vista agrícola, el chernozem, que traducido del ruso significa “tierra negra”), pero no fue hasta 1784 cuando el naturalista y médico holandés Pieter Boddaert, basándose en la descripción realizada por Gmelin atisbó que se trataba de una nueva especie para la ciencia, otorgándole el nombre de Equus ferus al taxón. Unos años antes, en 1758 se publicó la décima edición del Systema Naturae de Linneo, la obra que sienta las bases de la taxonomía y sistemática modernas. En ella se nombra al caballo doméstico como Equus caballus, y en una aplicación estricta del Código Internacional de Nomenclatura Zoológica, el tarpán pasa a llamarse Equus caballus ferus debido al principio de prioridad editorial, a pesar de ser éste el ascendiente del descrito por el taxónomo sueco. He aquí el resumen del primer maltrato, el más grave si cabe, el propiciado por el hombre científico.

En el año 2003, la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica emitió una norma conocida como Opinión 2027, la cual establece una excepción en el principio de prioridad de ciertos nombres científicos con la finalidad de que prevalezcan los epítetos específicos de las subespecies salvajes frente a los epítetos específicos de las subespecies domésticas, evitando así la paradoja de que los linajes más antiguos fueran nombrados como subespecies de los descendientes domésticos. De esta forma, el nombre científico para la especie que engloba tanto a caballos domésticos y salvajes como al caballo de Przewalski es Equus ferus, pasando el caballo doméstico a denominarse Equus ferus caballus, con lo que se corregía y reparaba el “maltrato taxonómico” al que fue sometido durante más de dos siglos y medio.

Fósil de tarpán que puede visitarse en el Museo Zoológico de Copenhague. Fue descubierto cerca de la localidad de Odense, perteneciente a la isla de Fionia. El fósil tiene una antigüedad estimada de 9.100 años.

Fósil de tarpán que puede visitarse en el Museo Zoológico de Copenhague. Fue descubierto cerca de la localidad de Odense, perteneciente a la isla de Fionia.
El fósil tiene una antigüedad estimada de 9.100 años.

Realizada esta breve introducción taxonómica del tarpán, es hora de hablar del animal en sí mismo, lo que inevitablemente nos va a llevar a tratar el segundo maltrato, el que provocó la herida más certera, la de la muerte, la de la extinción y consiguiente desaparición de su acervo genético del juego evolutivo en el que todos estamos inmersos y jugamos a diario, aún sin conocer sus más elementales reglas.

El caballo salvaje euroasiático, como también se conoce al tarpán, contaba con dos tipos o formas de vida adaptadas a ecosistemas diferentes. Por un lado podemos citar el tarpán estepario, cuyos finos miembros y perfil cóncavo es considerada como la forma originaria de las razas orientales de caballo doméstico, los denominados como caballos de sangre caliente. Habitaban en la Rusia meridional, donde se alimentaría de vegetación xerófila, es decir, plantas adaptadas a la escasez de agua y de aspecto similar al que muestran las juncias, ajenjos o gageas por citar algunos ejemplos. Estos solípedos, que no superaban los 1.30 metros de altura, mostraban un color gris ceniciento y portaban una crin corta y ligeramente erizada, estimándose su desaparición a mediados del siglo XIX, en la que fueron víctimas de un exterminio masivo organizado por los campesinos rusos que moraban el distrito de Taúrida. Así, las crónicas citan que para el año 1876 no quedaba más que una yegua que acabó uniéndose a un grupo de caballos domésticos, teniendo dos potrillos como fruto de su integración en el seno de esta nueva comunidad equina. Según el testimonio de Paul Sisoyev, acabaría muriendo a escasos 35 Km. de la actual localidad ucraniana de Askaniya Nova tras caer en una grieta y romperse una de sus extremidades como consecuencia de la persecución a la que fue sometida la última superviviente de la variedad esteparia de tarpán. Lamentablemente, de esta necrológica noticia no conservamos como testimonio ni la piel ni el esqueleto del animal, con lo que su paso entre nosotros no dejó impronta alguna para la posteridad científica más allá de la ilustración realizada por Borisov a un potro de cinco meses de edad.

El caballo de Przewalski o caballo salvaje mongol es la única subespecie de caballo salvaje que se conoce hasta la fecha. A diferencia de los mustangs norteamericanos no se han asilvestrado a partir de ejemplares domésticos. Su estado actual es de amenaza (EN según la UICN), estimándose una población mundial de 1000 ejemplares.

El caballo de Przewalski o caballo salvaje mongol es la única subespecie de caballo salvaje que se conoce hasta la fecha. A diferencia de los mustangs norteamericanos no se han asilvestrado a partir de ejemplares domésticos.
Su estado actual es de amenaza (EN según la UICN), estimándose una población mundial de 1000 ejemplares.

La segunda forma de vida que obligatoriamente debemos mencionar es la del tarpán de los bosques. Esta variante forestal del tarpán habitaba Europa central, concretamente las actuales Polonia y Alemania, zona en la que se extinguió a principios del siglo XIX, cuando los últimos ejemplares sitos en el Parque Natural Conde Zamoiski en Polonia fueron entregados a los campesinos de los alrededores, quienes criaban una raza local de caballos domésticos: los caballos konik. En este grupúsculo fue donde acabaron integrándose finalmente los tarpanes forestales, raza de la que además se considera ancestro, al igual que de las variantes equinas Dülmen, Exmoor, Heck o Stroebel. Todas las especies anteriormente citadas comparten una apariencia primitiva y similar a la del tarpán salvaje, por lo que no es descabellado que éstas variedades domésticas estén siendo usadas actualmente con el fin de intentar volver a obtener un fenotipo lo más parecido al tarpán que ocupe el nicho que dejó vacante con su extinción, un asunto muy espinoso en el que la comunidad científica encuentra a partes iguales tanto impulsores de esta tesis como detractores. Juzguen ustedes la necesidad, nosotros le exponemos simplemente los hechos relevantes.

Espero que con este breve escrito se restaure y se haga justicia a la memoria del tarpán, que como Miguel Hernández llegó también hasta nuestro siglo con tres heridas: la de la vida, la del amor y la de la muerte. En este caso, se han restañado la  herida del amor al haber sido subsanado el error taxonómico que causó un quebranto nomenclatural para con el pobre espécimen; la de la vida, al rescatar este humilde plumilla para todos vosotros su historia en forma de texto divulgativo. La de la muerte de momento no es posible, aunque parte de la comunidad científica la considera apropiada y oportuna. ¿Será posible que una sincera costura también acabe haciendo sanar esta llaga?

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¡Aviso! Hidden Nature no se hace responsable de la precisión de las noticias publicadas realizadas por colaboradores o instituciones, ni de ninguno de los usos que se le dé a esta información.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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