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Los primates cuando nacemos somos seres absolutamente desvalidos y dependientes durante los primeros años de vida. Esta condición, en el caso de los orangutanes (Género Pongo) es todavía más acusada. La dependencia de una cría de orangután y su madre puede durar entre 7 y 10 años, de hecho, son los primates con el periodo de lactancia más largo, puede durar hasta los 8 ó 9 años  de edad.

Poco del comportamiento de estos primates es innato o instintivo. Aunque el orangután adquieren conocimientos a lo largo de toda su vida, el aprendizaje más importante se concentra en su etapa inmadura. Dónde buscar comida, con qué materiales construir un nido, cómo desplazarse de un árbol a otro o de qué animales huir, son lecciones que aprenden de sus madres, a través de la observación y la imitación.

Nada es innato en los orangutanes, la observación y la imitación son claves para su aprendizaje.

Los orangutanes son famosos por llevar una vida solitaria, de hecho, la única actividad social, considerada como permanente, es la creada por la hembra y su cría. Pensemos que, una vez completado su desarrollo, la cría vivirá prácticamente sola en la selva, por lo que más le vale estar atenta a las lecciones de supervivencia de su madre.

A pesar de ello, la socialización con otros individuos de su especie durante los primeros años, es esencial para su desarrollo. Este hecho se ve confirmado con los orangutanes huérfanos, quienes aprenden a sobrevivir en los centros de rescate, conocidos como “forest school”.

Los objetivos para estos centros son tres: rescatar, rehabilitar y reintroducir a cada ejemplar en su hábitat natural. El proceso para estas crías es lento, durará años, tantos o más como los que deberían haber estado aprendiendo de sus madres. Aún así, la atención proporcionada a estos animales debe ser equilibrada, ya que un contacto excesivo con humanos puede crearles una dependencia, que bajo ninguna circunstancia sería beneficiosa para su futuro en la selva.

El número de “alumnos” de estos centros no debe superar los 8-10 orangutanes y, siempre que se pueda, mitad hembras, mitad machos. Si esta proporción no es posible, un mayor número de hembras, al ser estas menos agresivas, facilita la organización del grupo. Las edades también deben ser semejantes, con una variación de uno o dos años como máximo y siempre que las hembras sean las de mayor edad y capaces de defenderse de los posibles ataques por parte de los machos. Es importante conseguir una cohesión en el grupo, por ello, los caracteres deben ser socialmente compatibles y, aunque el nivel de conocimientos debe ser similar, suele ser beneficioso introducir un par de alumnos aventajados en los que los demás puedan fijarse.

Como primates que son, estos animales tienen dos formas de aprender: a partir de sus propias experiencias y por observación, lo que se conoce como aprendizaje social. En los orangutanes el aprendizaje es más eficaz cuando proviene de un individuo con el que tienen buena relación: la madre, en el caso de las crías de menor edad, y los compañeros de juego a medidas que van cumpliendo años. Por este motivo, es imprescindible que cada uno de los orangutanes rescatados tenga, al menos, un amigo dentro del grupo con el que pueda socializar.

Hasta hacerse independientes, estos pequeños y peludos alumnos tendrán muchas lecciones que aprender. Empezarán adaptándose a sus nuevos compañeros, probando sus primeras frutas y escalando pequeños árboles. Poco a poco, aprenderán a reparar o, incluso, a construir su propio nido y a distinguir las principales amenazas de la selva. Con los años, podrán moverse sin supervisión por todo el territorio y a reconocer todo tipo de alimento, pero sobre todo, aprenderán a evitar al ser humano.

Al llevar una vida arborícola, saber desplazarse entre las ramas es una de las lecciones más importantes para este pequeño orangután.

A pesar de los esfuerzos, muchos de ellos no conseguirán adaptarse completamente a la vida salvaje. La privación maternal o los años de cautiverio previos a su llegada al centro, no podrán ser superados. Para ellos, el futuro seguirá siendo sinónimo de semilibertad.

Bibliografía:
  • Hutagaol-Martowidjojo, Y. R. (2019). Borneo Orangutan Survival Foundation (BOSF): Building Trust in Diverse Stakeholders. Asian Case Research Journal, 23(02), 539-560.
  • Russon A.E., Smith J.J., Adams L. (2016) Managing Human–Orangutan Relationships in Rehabilitation. En: M. Waller. (Ed.) Ethnoprimatology. Developments in Primatology: Progress and Prospects. Springer.

Autor Claudia López-Morago Casamayor

Licenciada en Biología y doctora en Antropología Física. Hace años decidí centrar mi carrera en la divulgación científica, algo que me apasiona.

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