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Anna, Bill, Claudette, Elsa, Fred, Grace, Odette, Teresa, Víctor… Son algunos de los huracanes que presumiblemente azotarán en 2021 la costa atlántica americana. Si te fijas, todos estos nombres tienen un rasgo común: son nombres de personas. De hecho, es probable que tengas familiares o amigos con alguno de los nombres anteriores. Sin embargo, ¿por qué denominar un fenómeno atmosférico tan devastador (recuerde el Katrina, en 2005) con un nombre de pila?

Huracán

Imagen del huracán Patricia, el más poderoso registrado hasta la fecha, tomada por la Estación Espacial Internacional el 22 de octubre de 2015. El ciclón desarrolló ráfagas de viento de hasta 400 km/h.

El impulsor de esta singular nomenclatura fue el meteorólogo británico (aunque afincado en Australia) Clement Lindley Wragge, quien durante la última década del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX se convirtió en un referente de esta disciplina. Lo cierto es que esta idea de Wragge no era original suya, sino que la tomó de la antigua costumbre de utilizar el santoral; por tanto, el huracán recibía el nombre de la santa del día en que se manifestaba ante nuestros ojos. Esta explicación surge del convencimiento de que estos eventos climáticos eran un castigo divino o, al menos, fruto de su providencia. Por cierto, si anteriormente he mencionado que se le otorgaban nombres de santas es porque, hasta 1979, sólo se otorgaban a los huracanes y ciclones nombres femeninos; a partir de ese momento, se estableció una forma mixta.

Sin embargo, hasta que el sistema no se reguló por un organismo, cada cual bautizaba a los huracanes con el nombre de sus hijas, esposas, hermanas, madres… Un “pitote” de tres pares de narices, vaya. Podía ocurrir que dos meteorólogos estuviesen llamando de dos formas diferentes a un mismo fenómeno climático. Por este motivo, desde 1979, la potestad de otorgar nombres a huracanes y ciclones corresponde en exclusiva a la Organización Mundial de Meteorología, creando listas alfabéticas para los próximos 6 años compuestas por nombres alternos de hombres y mujeres con los que bautizar estos eventos tanto en la costa Pacífica como la Atlántica. Pero claro, ¿qué ocurre si un año se suceden más de 21 huracanes o ciclones? En ese caso, los sucesivos recibirán letras del alfabeto griego. ¿te imaginas a un huracán llamado Alfa? Suena hasta raro.

Para terminar, te diré que ya no viviremos nunca más un huracán Patricia, Manuel, Adolph, Alma, Katrina o Dennis. Sus nombres han sido eliminados para siempre de esa lista de “hombres” y “mujeres” por razones de sensibilidad. Esto ocurre cuando un huracán ha resultado ser muy devastador y por desgracia, ya son varios los que engrosan esa lista.

Bibliografía:

  • Ledesma Jimeno, M. (2011). Principios de Meteorología y Climatología. Paraninfo. 552 pp.

Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo

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