La domesticación de los gatos

Independientes, ágiles y dotados de una pronunciada inteligencia. A pesar de llevar cientos de años en nuestros hogares, los gatos (Felis silvestris catus) siguen teniendo características típicas de un depredador y que sin duda provienen de sus antecesores: los gatos salvajes (Felis silvestris). Con estas cualidades, pocas eran las probabilidades de que la domesticación de estos felinos se produjese y es que, como sugieren los expertos, los gatos vivieron durante miles de años junto a los seres humanos antes de ser domesticados.

Tan sólo en España existen más de tres millones de gatos domésticos

Se piensa que el primer encuentro entre gatos y seres humanos se produjo en el Neolítico, alrededor del 7.500 a.C., en Oriente Medio y la región conocida como Creciente Fértil. En esta zona comenzó el cultivo de cereales, siendo de las primeras poblaciones en construir almacenes para la conservación del grano, propiciando la presencia de roedores alrededor de los mismos. La hipótesis, hasta ahora más defendida por los investigadores, es que los gatos, atraídos por estas poblaciones de ratas y ratones, se fueron acercando a los asentamientos humanos con cada vez más frecuencia. Podemos pensar que este fue el inicio de una de las primeras alianzas de beneficio mutuo entre animales y seres humanos, en la que los gatos eran tolerados sin inconveniente, a cambio de poner freno a las poblaciones de estos pequeños comedores de grano.

Según las últimas investigaciones, estos felinos llegaron a Europa en una segunda ola de domesticación que comenzaría en el Antiguo Egipto, entre el 700 a.C. y el 300 d.C. Durante estos siglos, los gatos se pusieron de moda, fueron animales adorados por los egipcios, llegando incluso a serles atribuidas características divinas. Las representaciones de los gatos abundaban en templos y zonas públicas, y se colocaban estatuas de gatos en las casas para proteger a sus habitantes de los malos espíritus.

Momia de gato. En el antiguo Egipto los gatos recibían los ritos funerarios y el mismo embalsamamiento que sus dueños.

El gato llega a Europa siguiendo las rutas comerciales por tierra y mar, apareciendo primero en Grecia y después en Roma, hasta distribuirse por todo el continente en la Edad Media. En esta época, los gatos no disfrutaron de la misma fortuna, ya que pasaron a ser temidos, odiados y perseguidos a causa de la religión cristiana, que relacionaba a estos animales con el demonio y la brujería, posiblemente debido a sus hábitos nocturnos. La población, rápidamente, vio las consecuencias de este exterminio ya que la drástica disminución del número de felinos, aumentó considerablemente la proliferación de ratas transmisoras de enfermedades tan graves como la peste, que causó la muerte de 25 millones de personas tan solo en Europa.

Este proceso de domesticación no ocasionó cambios significativos en la morfología, la fisiología o la conducta de estos animales. Desde sus orígenes la genética de estos felinos ha variado muy poco, a excepción de una reciente alteración: su pelaje. A diferencia de los gatos salvajes, a menudo atigrados, los gatos domésticos suelen ser moteados, un rasgo seleccionado que se hace visible a partir de la Edad Media.

 

Bibliografía

  • Faure, E. y Kitchener, A. C. (2009). An archaeological and historical review of the relationships between felids and people.Anthrozoos 22, 221–238.
  • Málek, J.(2016). The Cat in Ancient Egypt. Londres, Reino Unido: British Museum Press.
  • Ottoni, C., Van Neer, W., De Cupere, B.et al. (2017). The palaeogenetics of cat dispersal in the ancient world.Nature Ecology and Evolution 1.
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