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  • lunes, 17 febrero, 2020 a las 10:08
  • por Claudia López-Morago Casamayor

Si hay un hueso que ha causado controversia, y por qué no, curiosidad, a lo largo de la historia evolutiva en el mundo animal, ese es el hueso peneano, también conocido como báculo o baculum en su forma latina. Este hueso alargado es lo que se conoce como un hueso extraesquelético, es decir, que no está conectado directamente al esqueleto sino que está situado al final del pene. Su tamaño, que varía dependiendo de la especie, puede ir desde un milímetro de longitud como en el caso del lémur de cola anillada o sobrepasar el medio metro en la morsa. Su principal función es la de permitir la penetración en ausencia de erección.  

Hueso peneano o báculo de Canis lupus familiaris. La flecha señala la ubicación del surco uretral.

Hueso peneano o báculo de Canis lupus familiaris. La flecha señala la ubicación del surco uretral.

El báculo está presente en la mayoría de mamíferos, sobre todo en insectívoros y carnívoros, así como en primates. Los humanos somos, quizás, la excepción que confirma la regla dentro de este grupo, ya que hace casi 2 millones de años que este hueso no aparece en los machos de nuestra especie. Tampoco está presente en marsupiales, lagomorfos (conejos y liebres) ni en la familia equidae (caballos, asnos y cebras).

El tiempo de penetración parece ser la clave para la presencia o la ausencia de este hueso en las diferentes especies. Según los últimos estudios, los animales con encuentros sexuales con una duración superior a los tres minutos, conocido científicamente como “intromisión prolongada”, tienden a tener báculos más grandes. Este hueso también parece tener mayor tamaño en especies en las que hay mucha competitividad sexual dentro de los grupos. Un coito más prolongado parece evitar que la hembra se aparee con otros competidores, por lo que el macho aumentaría las posibilidades de transmitir su material genético.

Por ejemplo, chimpancés  (Pan troglodytes) y bonobos (Pan paniscus), nuestros parientes más cercanos en la línea evolutiva, tienen un hueso peneano muy corto, aproximadamente de unos 8 milímetros. En estas especies la duración de la penetración es corta, entorno a los 7 segundos en el chimpancé y 15 en el caso del bonobo. Sin embargo, presentan niveles de competitividad sexual muy altos entre los machos del grupo durante el apareamiento, razón por la cual los científicos creen que siguen conservando este hueso.

Los chimpancés tienen una duración de penetración corta pero niveles de competitividad muy altos durante el apareamiento.

Los chimpancés tienen una duración de penetración corta pero niveles de competitividad muy altos durante el apareamiento.

Se ha demostrado que el báculo no aparece hasta la división de los mamíferos entre placentarios y no placentarios hace 145 millones de años pero antes del ancestro común entre primates y carnívoros hace 90 millones. Esto significa que todas las especies dentro de estos grupos carentes de hueso peneano, como es el caso del Homo sapiens, lo han perdido a lo largo de la evolución. Según los científicos, el apareamiento en la especie humana se convirtió en una práctica generalmente monógama hace 1,9 millones de años. Esto, unido a que los humanos no pertenecemos a la categoría anteriormente señalada como “intromisión prolongada” (superior a 3 minutos), posiblemente disminuyó la presión evolutiva en nuestra especie y pudo causar la pérdida del hueso del pene.  

 

Bibliografía:

  • Brindle, M., Opie, C. (2016). Postcopulatory sexual selection influences baculum evolution in primates and carnivores. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 283(1844).
  • Ramm, S. A. (2007). Sexual selection and genital evolution in mammals: A phylogenetic analysis of baculum lenght. The American Naturalist, 169(3), 360-369.
  • Stockley, P. (2012). The baculum. Current Biology, 22(24), R1032-R1033.
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Autor Claudia López-Morago Casamayor

Licenciada en Biología, con un Máster en Antropología Física y Forense y terminando un doctorado en Biomedicina. Co-fundadora de la Asociación Andaluza de Antropología Física y aprendiz divulgadora científica.


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