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Mamíferos: características para el éxito

  • jueves, 8 noviembre, 2018 a las 09:00
  • por Juan Encina

Se hiciésemos una panorámica de todos los mamíferos que existen en el planeta (y de todos los que han existido) nos daríamos cuenta de dos cosas: la primera es su enorme éxito evolutivo para ser tan recientes como son; la segunda, derivada de la primera, es su enorme diversidad, existiendo mamíferos que habitan bajo tierra, en el océano, en los hielos polares, en los bosques, en las selvas, en los desiertos… En definitiva, la clase de los mamíferos (cordados tetrápodos dentro del subfilo de los vertebrados) es muy heterogénea, contando con alrededor de 5.400 especies identificadas. Pero, ¿qué tienen en común sus miembros para pertenecer a este club?

En realidad, a pesar de todas sus diferencias, los mamíferos se agrupan como tal en base a una serie de características que todos, desde el primero hasta el último, presentan (y si no lo hicieran, es porque en el transcurso de su evolución la han perdido). La primera y más importante de éstas es que presentan glándulas mamarias, que producen leche, una sustancia nutritiva y cargada de anticuerpos con la que alimentan y protegen a las crías tras su nacimiento. Es importante indicar aquí que, aunque en la mayoría de los casos se trata de animales vivíparos, es decir, que sus crías se gestan dentro de una bolsa (placenta) protegida en el interior de la madre, todavía existen unas pocas especies que conservan la capacidad de poner huevos (los monotremas). Por otro lado, cabe señalar que en Australia y las regiones colindantes no existen mamíferos placentarios, sino que la práctica totalidad de mamíferos que existen son marsupiales (portadores de un pliegue corporal, el marsupio, que alberga a las crías).

En algunos mamíferos, el pelo ha adquirido otras funciones. En los erizos, por ejemplo, parte de él se ha convertido en espinas para protegerse de los depredadores.

En algunos mamíferos, el pelo ha adquirido otras funciones. En los erizos, por ejemplo, parte de él se ha convertido en espinas para protegerse de los depredadores.

La segunda característica común a todos los mamíferos es que regulan su temperatura corporal, a diferencia de sus ancestros reptiles 1. Ello es lo que les ha permitido instalarse en ambientes con temperaturas hostiles o tener un ritmo de vida más activo. Una de las adaptaciones más importantes para ello es el pelo, un derivado de la piel que todas las especies del clado presentan al menos en alguna etapa de su vida en mayor o menor cantidad. Asimismo, existen estructuras derivadas del pelo como las uñas y garras, con función defensiva. La existencia de tejidos grasos, mecanismos de circulación sanguínea especiales y un metabolismo adaptado a la producción de calor corporal son otros factores que han evolucionado paralelamente para la regulación de la propia temperatura (teniendo en cuenta que la de los reptiles, la de los anfibios y la de los peces dependen de la temperatura del ambiente).

No obstante, es en el cráneo donde podemos encontrar las mayor parte de características diagnósticas del grupo: su mandíbula está formada por un único hueso, el dentario, y se articula con el cráneo a través del hueso escamosal (algo que sólo ocurre en este grupo). Además, presentan una abertura en cada hueso temporal (de la misma forma que los “reptiles” intermedios que dieron lugar a ellos), razón por la que se los agrupa a todos éstos en el clado de los Sinápsidos. Simultáneamente, teniendo en cuenta que dentro del cráneo se alberga el encéfalo, no podemos dejar de considerar la complejidad que adquiere el cerebro dentro de este grupo, desarrollándose no ya comportamientos sociales (observados en muchas otras estirpes animales como las abejas, las termitas o las hormigas), sino en algunos casos culturales, con capacidad para los símbolos, el lenguaje, los rituales, el aprendizaje y la memoria.

Los cetáceos descienden de una especie ancestral con pelo y que andaba a cuatro patas. Sin embargo, la progresiva readaptación al medio marino hizo que perdiesen el pelo, cambiasen la forma de su cuerpo y desarrollaran aletas, entre otros cambios morfológicos y fisiológicos.

Los cetáceos descienden de una especie ancestral con pelo y que andaba a cuatro patas. Sin embargo, la progresiva readaptación al medio marino hizo que perdiesen el pelo, cambiasen la forma de su cuerpo y desarrollaran aletas, entre otros cambios morfológicos y fisiológicos.

La enorme diversidad de los mamíferos, sin embargo, hace que entre ellos existan muchas más diferencias que similitudes, especialmente en cuanto a morfología se refiere. Los ejemplos más esclarecedores los podemos encontrar en el orden de los quirópteros, que desarrollaron alas y son los únicos mamíferos capaces de volar, o aquellos que volvieron a vivir al agua2. Estos son los órdenes de los cetáceos (ballenas y delfines), los sirenios (vacas marinas) y los pinnípedos (focas, morsas, leones marinos…). Curiosamente, los cetáceos están tan estrechamente emparentados con los artiodáctilos (vacas, camellos, hipopótamos, cerdos, ciervos…) que se han reunido, aunque suene sorprendente por sus abismales diferencias físicas, en un mismo grupo. Por otro lado, los sirenios, a pesar de ser tan parecidos a los pinnípedos, no tienen parentesco cercano con ellos, sino con los elefantes (orden proboscídeos), los herbívoros más grandes de la Tierra. Tampoco deja de llamar la atención que, al lado de los elefantes como grandes herbívoros, existan consumidores primarios tan pequeños como las musarañas, los ratones, las liebres o los conejos, presas a su vez de otros mamíferos, especialmente los que se encuentran dentro del orden carnívoros (felinos, lobos, zorros, coyotes…).

La dentición, sin duda, es uno de los rasgos más variables dentro de los mamíferos, encontrándose adaptada a las diferentes fuentes de alimento. Por ejemplo, los carnívoros presentan colmillos muy afilados, hechos para desgarrar y cortar, mientras que los que se alimentan de frutas y semillas tienen incisivos muy potentes para roer, y los que se alimentan de pastos y hojas tienen molares muy fuertes y con una amplia superficie trituradora formada por crestas longitudinales para poder triturar y moler. Cada fórmula dentaria es única de cada especie de mamífero y su desarrollo está estrechamente vinculada a su forma de vida: por ejemplo, a los humanos se nos cae una primera dentición inmadura (dientes de leche) que se sustituye por una definitiva al crecer, mientras que a los roedores les crecen los incisivos toda su vida, lo cual les da la necesidad de estar constantemente royendo cosas para desgastarlos.

La dentadura de un mamífero nos permite deducir su forma de alimentarse.

La dentadura de un mamífero nos permite deducir su forma de alimentarse.

No debemos confundir, a propósito, la condición de ser carnívoro con pertenecer al orden de los carnívoros: los perros, por ejemplo, están dentro de este grupo, pero son omnívoros. A los seres humanos, de hecho, nos ocurre lo contrario: mientras que la práctica totalidad de los primates se alimenta de fruta y hojas, nosotros también somos omnívoros. Nuestras dentaduras atestiguan, precisamente, que hemos evolucionado desde antepasados herbívoros, pues presentamos, a fin de cuentas, juegos molares (algo de lo que carecen los perros, en los cuales se supone que su tendencia omnívora es consecuencia de su evolución paralela al desarrollo de las poblaciones humanas y su domesticación). Nuestro apéndice ciego del colon (el que se inflama durante los episodios de apendicitis) también es un vestigio residual que en los herbívoros se encuentra enormemente desarrollado y tiene funciones importantes en la digestión de celulosa (un trabajo que realizan las bacterias intestinales).

En definitiva, el plan corporal y fisiológico de los mamíferos es constante en todos ellos a pesar de su enorme diversificación a todos los ambientes (precisamente, este diseño favorece su adaptabilidad), haciéndolos un diseño ganador en un mundo cambiante. El desarrollo de estrategias de cuidado de las crías tanto antes de su nacimiento (a través de la conexión con la madre dentro del vientre) como después (con la lactancia y la atención parental que algunas especies proporcionan a sus juveniles), la capacidad de aprendizaje y (en algunos grupos) de comunicación sofisticada debido a un refinamiento del sistema nervioso, la diversificación en la alimentación y la regulación de la temperatura corporal han llevado a los mamíferos a un enorme crecimiento para el poco tiempo que llevan sobre la faz del planeta.

 

Fuentes y referencias bibliográficas:

  • HICKMAN, C. P.; ROBERTS, L. L.; KEEN, S.L.; LARSON, A.; L’ANSON, H.; EISENHOUR, D.J. (2009) Principios integrales de Zoología. Mc Graw-Hill. 14ª edición
  • KARDONG, K. V. (1999) Vertebrados. Anatomía comparada, función, evolución. Mc Graw-Hill, Interamericana.
  • NADAL; J. (2001) Vertebrados: Origen, organización, diversidad y biología. Ediciones Omega y Ediciones Universitat de Barcelona

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Notas   [ + ]

1. El concepto de reptil, de la misma forma que el concepto de pez, ha perdido utilidad en la taxonomía y la clasificación sistemática de los organismos debido a que no incluye a todos los descendientes de un ancestro reptil común (lo que lo convierte, en términos de cladística, en un grupo parafilético y, por tanto, en carente de significado evolutivo). Su uso, sin embargo, se debe a que sigue siendo muy fácil de aplicar a efectos prácticos entre las especies animales actuales, sin tener en cuenta sus descendientes ni eslabones entre grupos.
2. El medio acuático fue abandonado por los ancestros que iniciaron, desde los peces, el linaje de los anfibios. De éstos surgirían los reptiles, totalmente adaptados al medio terrestre y, de éstos, las aves y los mamíferos. Cabe señalar que los mamíferos adaptados a la vida en el mar, como los delfines y las ballenas, carecen de pelo: lo han perdido prácticamente todo debido a que les resta hidrodinamismo. Para compensarlo, tienen la piel gruesa y acumulan grasa como aislante.

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Autor Juan Encina

Graduado en Biología por la Universidad de Coruña y Máster en Profesorado de Educación Secundaria por la Universidad Pablo de Olavide. Colabora en proyectos de divulgación científica desde 2013 como redactor, editor, animador de talleres para estudiantes y ponente. Actualmente, estudia Psicología por la UNED y trabaja como profesor de apoyo y refuerzo en Ciencias


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