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Según la Organización mundial de la salud se realizan en el mundo 114.000 trasplantes al año, lo que corresponde únicamente al 10% de la necesidad existente.

Actualmente, España es el país con mayor tasa de donación de órganos en el mundo y su modelo se está implantando en un gran número de países. Sin embargo,  se trata de una labor insuficiente, ya que en la mayoría de casos la lista de espera es larga, normalmente de varios años, con la consiguiente limitación en su forma de vida o incluso su fallecimiento por algún problema relacionado.

Una solución a este problema son los xenotrasplantes, es decir, el trasplante de células, tejidos u órganos entre especies distintas. Gracias a ellos se podría conseguir en el futuro un suministro ilimitado de órganos a partir de una fuente animal disponible.

El trasplante de células, tejidos u órganos entre especies distintas se denomina xenotrasplante.

El trasplante de células, tejidos u órganos entre especies distintas se denomina xenotrasplante.

Este tipo de cirugía ha llamado la atención a la comunidad médica desde hace más de trescientos años. Tanto es así que existe documentación sobre una xenotransfusión llevada a cabo por Jean Baptiste Denis en 1667 en la que inyectó sangre de cordero a un hombre curándose de fiebres altas.

En 1992 se logró producir el primer cerdo transgénico y, desde entonces, se han realizado grandes avances en el campo de estudio de estos animales como donadores potenciales de células y órganos. En 2001, incluso, se consiguió inhibir el gen de la galactosiltransferasa, implicado en el rechazo de  los órganos xenotrasplantados, así como en trasplantes entre miembros de nuestra misma especie. Gracias a estos avances junto con las nuevas técnicas de biología molecular, como el método de CRISPR/Cas9, se han llevado a cabo trasplantes de páncreas e hígado porcinos a primates no humanos de forma exitosa.

Sin embargo, en 2021 se produjo un hecho que cambiaría la historia de la medicina: se trasplantó a una mujer en estado de muerte cerebral un riñón de cerdo en una pierna. El órgano fue conectado a la circulación sanguínea y se comprobó que no era rechazado y funcionaba, pues produjo orina. Por si esto fuera poco, en enero de 2022, de la mano del cirujano Bartley P Griffith se realizó el primer xenotrasplante a un paciente vivo, un hombre de 57 años con una enfermedad muy grave del corazón que necesitaba un trasplante cardíaco como única alternativa al fallecimiento. El paciente se recuperó con normalidad y consiguió sobrevivir dos meses. Se sospecha que el fallecimiento se debiera a que el corazón trasplantado presentaba un citomegalovirus que fue descubierto posteriormente ya que el paciente mostraba síntomas de infección.

Todo esto abre las puertas a una investigación dirigida a buscar nuevas alternativas y terapias a enfermedades muy comunes en la sociedad como pueden ser la diabetes o el Parkinson.

¿Y ahora qué?

Actualmente, la Organización Nacional de Trasplantes pone de manifiesto que es necesario hacer algo más y reclama a los organismos oficiales y a las autoridades competentes del Gobierno de España que incentiven y fomenten la investigación traslacional en el área de los xenotrasplantes.

A nivel mundial son ya varios los grupos de investigación que han solicitado la aprobación regulatoria de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para ensayos clínicos de xenotrasplantes de riñón y corazón, por lo que se espera que a corto plazo observemos una nueva era de terapias prometedoras que se usarán como alternativa a terapias convencionales como por ejemplo la diálisis.

 

Bibliografía/Referencias: 

  1. Organización Nacional de Trasplantes  (ONT) http://www.ont.es/Paginas/Home.aspx  Consultado por última vez 15-07-2022.
  2. Aristizabal, A.M.; Caicedo, L.A.; Martínez, J.M.; Moreno M. y Echeverri G. Clinical Xenotransplantation, a Closer Reality: Literature Review. 2017. Cirugía Española 95 (2) 62-72. doi: 10.1016/j.ciresp.2016.12.008.

Autor Marina Romero Bernal

Mi nombre es Marina Romero Bernal y tengo 25 años. Estudié Biología en la Universidad de Sevilla y posteriormente realicé el Máster en Biotecnología Sanitaria en la Universidad Pablo de Olavide, especializándome en Nuevos Fármacos. Actualmente trabajo como Research Assistant en el Instituto de Biomedicina de Sevilla, concretamente en el equipo de Investigación Neurovascular.

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