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  • jueves, 23 enero, 2020 a las 10:00
  • por Eduardo Bazo Coronilla

Sin duda, habrán sido innumerables las veces que habréis oído hablar del picudo rojo y el daño que está provocando a nuestro patrimonio arbóreo urbano. Sin embargo, aunque su daño se centra principalmente en las palmeras que habitan nuestras ciudades, no es la única especie a la que ataca. No obstante, ninguna casa se comienza por el tejado, por lo que es procedente poner la información en contexto.

El macho de R. ferrugineus suele diferenciarse de la hembra, además de su menor tamaño, por la presencia en la parte superior del pronoto (pico) de unas pilosidades

El macho de R. ferrugineus suele diferenciarse de la hembra, además de su menor tamaño, por la presencia en la parte superior del pronoto (pico) de unas pilosidades

El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) es un coleóptero perteneciente a la familia de los curculiónidos (vulgarmente conocidos también como gorgojos) originario de la zona de Asia central. Su característica distintiva (lo hace inconfundible) es la coloración de su cuerpo, de un rojo ferruginoso. A decir verdad, no es el coleóptero el responsable de los daños causados en las palmeras (Phoenix canariensis y P. dactylifera, según se traten respectivamente de palmeras canarias o datileras), sino sus larvas, que forman galerías de hasta un metro de longitud en el tronco de las plantas hospedadoras. Como curiosidad, quizá deba saber que no ataca sólo a las palmeras datileras o canarias, puesto que no parece “hacer asco” ante la palmera de aceite (Elaeis guineensis), el cocotero (Cocos nucifera) o el palmito (Chamaerops humilis), todos ellos representantes, al igual que Phoenix, de la familia botánica Arecaceae.

El ataque de R, ferrugineus provoca en las plantas afectadas un amarilleamiento, tornándose marchitas. Por supuesto, en aquellos ataques severos, el desenlace final e inevitable es la muerte del individuo. A pesar de haberse implantado mecanismos para el control de esta plaga, siguen siendo necesarios más esfuerzos en materia de investigación e innovación de cara a que poder cristalizar una solución barata y eficaz ante este problema ecológico que está azotando nuestros entornos urbanos, agrícolas y naturales. Actualmente, los tratamientos efectuados con hongos entomopatógenos como Beauveria bassiana parecen estar dando sus frutos y aunque no podemos cantar victoria, estamos más cerca de poner freno a su descontrolada expansión.

Ya hemos mencionado anteriormente que el picudo rojo es oriundo de Asia central. ¿Cómo es posible que llegase desde esta parte del mundo a nuestras latitudes? La respuesta a esta pregunta la tiene ante usted mismo: la han transportado las personas. A decir verdad, el ser humano lo ha llevado consigo allá donde ha plantado alguno de los miembros de la familia Arecaceae anteriormente citados. En otras palabras, por la aduana, junto al transportista y las palmeras, iban como polizones larvas de picudo rojo.

El primer caso descrito en España de la presencia de picudo rojo data de 1993, en Almuñécar (Granada), instalándose en diferentes zonas del viario público palmeras procedentes de Egipto “contaminadas” con larvas de R. ferrugineus. Poco después empezarían a llegar notificaciones del avistamiento de este “escarabajo” desde otros puntos de Andalucía oriental, Murcia y la Comunidad Valencia. Esta situación la llevó a convertirse en una serie amenaza para las especies autóctonas, los hábitats y los ecosistemas, por lo que se le incluyó en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado en el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto.

Sin embargo, no todo es malo y, hoy día, siguiendo un protocolo adecuado y la gestión integrada de la plaga, nuestros profesionales son capaces de reducir el daño provocado a nuestras palmeras y recuperarlas después del ataque de estos “indeseables” convecinos. Esto no implica que debamos ser conscientes de los peligros que supone para el ecosistema (urboecosistema inclusive) la introducción, bien sea voluntaria o accidental, de especies exóticas y en la que no existen depredadores para la misma.

Bibliografía:

  • Güerri-Agulló, B., Gómez-Vidal, S., Asensio, L., Barranco, P. and Lopez-Llorca, L. V. (2010), Infection of the Red Palm Weevil (Rhynchophorus ferrugineus) by the entomopathogenic fungus Beauveria bassiana: A SEM study. Microsc. Res. Tech., 73: 714–725.
  • https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2013-8565
  • Entomología Forestal: Los insectos y el bosque. Roger Dajoz. Ed. Mundi-Prensa.
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Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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