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  • lunes, 10 febrero, 2020 a las 10:00
  • por Eduardo Bazo Coronilla

Están entre nosotros. Conviven con usted y conmigo y, aún a riesgo de parecer xenófobo, nos han invadido de una manera poco silenciosa habida cuenta del revuelo que montan en nuestras plazas y parques. Son una plaga. Sin ir más lejos, en Sevilla se calcula que la población pudo superar el pasado verano los 5000 individuos (en Málaga, rondan los 3500 individuos). Si no sabe aún de quién les estoy hablando, preste mucha atención: son las cotorras. Y digo las no porque sean cinco millares de Psitácidos (familia zoológica a la que pertenecen), sino porque son dos especies. Concretamente, y según el censo realizado por la Estación Biológica de Doñana para el año 2019, unos 4500 ejemplares de cotorra de Kramer (Psittacula krameri) y unos 1200 de cotorra argentina (Myiopsitta monachus).

Diferenciarlas es relativamente sencillo, siempre y cuando contemos con la ayuda de unos prismáticos y tiempo que invertir en el avistamiento de la avifauna urbana. La cotorra argentina, llamada así por ser originaria de América del Sur, presenta un plumaje de color verde intenso que se ve interrumpido por tonalidades grisáceas en la frente, mejillas, garganta, pecho y vientre. Asimismo, muestra una larga y puntiaguda cola de color verde brillante y un pico ocre. Por su parte, la cotorra de Kramer (originaria de la franja del Sahel y el sur de Asia) es completamente verdosa, viéndose esta coloración únicamente interrumpida por la presencia de un pico rojizo. Aunque pueda parecer que sólo tienen en común la cohabitación simultánea en nuestras ciudades, comparten también otros rasgos: ambas forman parte del Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto; y ambas especies se han establecido en nuestros urboecosistemas tras la liberación intencionada o accidental de varios ejemplares, que, en ausencia de depredadores naturales, han propiciado su rápido auge y expansión.

Las cotorras, como la de Kramer (en la imagen), se encuentran distribuidas por todo el mundo debido a escapes y sueltas de animales enjaulados. Las cotorras argentinas hacen sus nidos a una altura que puede alcanzar los 10 m.
Las cotorras argentinas hacen sus nidos a una altura que puede alcanzar los 10 m. Las cotorras, como la de Kramer (en la imagen), se encuentran distribuidas por todo el mundo debido a escapes y sueltas de animales enjaulados.

Su aumento poblacional incontrolado ha provocado graves problemas sobre dos especies, ambas protegidas. El cernícalo primilla (Falco naumanni), que encuentra en la Iglesia del Salvador la colonia de cría más grande de la capital hispalense; y el nóctulo gigante (Nyctalus lasiopterus), el murciélago de mayor tamaño en el continente europeo. En ambos casos, compiten con nuestra fauna autóctona por los lugares de nidificación, siendo violento observar cómo las cotorras de Kramer sacan a picotazos a los nóctulos de las oquedades de los plataneros de sombra (Platanus x hispanica) que antaño solían servirles de cobijo en el Parque de María Luisa. A esta problemática se une otra de carácter agrícola, puesto que el aumento poblacional de las cotorras están causando estragos en la producción de semillas de girasol (donde se estima que en el año 2017 produjo una merma de la producción que ronda el 10%) o naranjas. Y es que nuestros vecinos han hecho suyo el popular refrán de que “a falta de pan, buenas son tortas”.

Es curioso ver cómo aquellas aves que antaño se vendían en el mercadillo de La Alfalfa hoy se han adueñado del Parque de María Luisa y zonas afines hasta el punto de llevar a la desaparición casi completa a la mayor población sevillana conocida de nóctulos gigantes. ¿Quién iba a decirme que algo más de dos décadas después de dejar de frecuentar aquel rastro donde tantos y tan variados animales podías encontrar, los descendientes de aquellos “loros” iban a traernos tan problemas económicos y medioambientales? Es por ello que se necesita que el Ayuntamiento de Sevilla adopte medidas eficaces con carácter de urgencia, dando voz y escuchando a los colectivos que de verdad conocen la problemática.

Bibliografía:

  • European Network on Invasive Parakeets. University of Kent. https://www.kent.ac.uk/parrotnet/
  • Real Decreto 630/2013, de 2 de agosto, por el que se regula el Catálogo español de especies exóticas invasoras.
  • Postigo, J. L. (2017). El actual laberinto burocrático y social de las cotorras en España. Quercus 377: 12-18.

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Autor Eduardo Bazo Coronilla

Licenciado en Biología. Fue colaborador del grupo de investigación PLACCA (Plantas Acuáticas, Cambio Climático y Aerobiología) en el Dpto. de Biología Vegetal y Ecología de la Facultad de Farmacia (Sevilla). Micófilo


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