Niños ferales: Una historia sacada del Libro de la Selva.

Los de mi generación, esos que rayamos ya la treintena o la superamos en algunos casos, siempre nos hemos visto atraídos por el fenómeno de los niños ferales o salvajes. Quizás esta circunstancia se deba a que desde muy niños, nuestros padres (al menos los míos sí) nos atiborraban la vista en nuestro tiempo de ocio con películas de la factoría Disney, entre ellas, “El Libro de la Selva”. Bien es cierto que a principios de la década de los 80 el catálogo se reducía casi en exclusiva a “La Bruja Novata”, “Bambi”, “Mary Poppins” y poco más (nada que ver con el actual). Lo que no imaginaba Rudyard Kipling es que como consecuencia de reproducir una y otra vez el VHS de la adaptación animada de su exitosa novela, hoy escribiría la cruenta historia sufrida por algunos de esos “niños selváticos”.

En Occidente siempre hemos pensado que este fenómeno de los niños ferales, que los anglosajones califican bajo el nombre despectivo de “freak children”, se producían con mayor frecuencia en sociedades agrícolas de países en vías de desarrollo. No obstante, quizás sea justo hacer un breve repaso histórico, y como en la Filosofía de Bachillerato que a veces nos aburría, “pasemos del mito al logos”.

Imagen del escritor inglés Rudyard Kipling (galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1907), nacido en la India. Kipling es el autor de “El Libro de la Selva”, donde, a modo de cuento, plantea reflexiones morales usando como protagonista al niño feral Mowgli, quien tiene la capacidad de hablar con los animales.

Imagen del escritor inglés Rudyard Kipling (galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1907), nacido en la India. Kipling es el autor de “El Libro de la Selva”, donde, a modo de cuento, plantea reflexiones morales usando como protagonista al niño feral Mowgli, quien tiene la capacidad de hablar con los animales.

Ejemplos de niños criados por animales encontramos a cada instante en la mitología. Estos héroes premarvelitas eran criados por lobos, osos, monos o incluso gacelas. El caso más antiguo que encontramos en la literatura es probablemente el de Enkidu, un héroe sumerio que fue creado por la diosa Aruru a partir de arcilla con el único objetivo de acabar con la vida del vanidoso Gilgamesh. No obstante, el caso más popular y conocido es quizás el de los hermanos Rómulo y Remo, fundadores de Roma, de los que se cuenta que fueron amamantados por una loba.

Una vez hecha esta breve introducción, es hora de pasar a detallar algunos casos reales de niños ferales. El primer caso del que tenemos suficiente información es probablemente el del germano Pedro de Hamelín. Este chico fue descubierto en 1724 por Jürgen Meyer, un campesino que trabajaba en la cosecha y que avistó a un muchacho de unos 12 años de edad dando brincos por los campos de la Baja Sajonia.

Pocos años después de este incidente, se describiría en Francia el que quizás sea el caso estrella de los niños ferales o selváticos: Víctor de Aveyron, quien aparece en 1799 en la zona de Languedoc (más concretamente en los bosques de Caune) completamente desnudo. La noticia tuvo mayor resonancia si cabe debido a lo inmediato que quedaba en el recuerdo la Revolución Francesa, lo que dio lugar a toda clase de habladurías y conjeturas. Después de que muchos considerasen al infante un deficiente mental incurable, Jean Marc Gaspard Itard propuso al director del asilo de Bicêtre elaborar y ejecutar un programa de tratamiento y educación para el niño. Este plan, que se acabó publicando en dos volúmenes, es un ejemplo a nivel mundial de rigor científico, metodológico y claridad expositiva entre los etólogos, estudiosos de la conducta animal, tal y como plasmó el genial cineasta francés François Truffaut en su obraEl Pequeño Salvaje, en la que el propio Truffaut encarna a Itard.

Retrato del médico y pedagogo francés Jean Marc Gaspard Itard, investigador instructor del caso del niño feral Víctor de Aveyron.

Retrato del médico y pedagogo francés Jean Marc Gaspard Itard, investigador instructor del caso del niño feral Víctor de Aveyron.

El caso de Víctor de Aveyron hoy día se encuentra en entredicho por la comunidad científica, puesto que no son pocos los que consideran que no se trataba de un auténtico niño feral, pero las observaciones realizadas por Jean Marc Gaspard Itard aún siguen teniendo validez. Así, todos los niños ferales parecen presentar movimiento espasmódicos, se balancean de la misma manera que hacen los animales del zoo, muerden y arañan a quienes se le acercan, no muestran ningún tipo de afecto por sus cuidadores y muestran indiferencia a todo aquello que podemos etiquetar como “socialmente convenido”. Esta descripción se complementa con la ofrecida por Linneo en su Systema naturae, quien argumentaba que los principales rasgos del salvaje eran el hirsutismo (aunque posteriormente observó que no todos compartían este rasgo y que la leyenda había influenciado negativamente en las descripciones realizadas), imposibilidad de hablar y dificultad para caminar caminar erguidos de manera permanente. Además, el padre de la taxonomía moderna añadió otros rasgos como que muestran poca sensibilidad al frío o al calor, olfato y visión nocturna muy desarrollados (aunque según el sueco son incapaces de distinguir un relieve de una figura plana), tienen la capacidad de imitar sonidos o “voces” animales y se muestran “sexualmente indiferentes”.

El fenómeno de los niños ferales plantea en su trasfondo un debate existencial de carácter filosófico, aunque no por ello menos científico: la problemática del indeterminismo, la influencia de la sociedad en la construcción del hombre. Así, la mayoría de autores destacan el indeterminismo del hombre y la necesidad de la cultura en el proceso de aprendizaje de todo aquello cuanto se define “condición humana”. Es necesario apuntar que en este caso, indeterminismo no es sinónimo de azaroso, sino que el sistema de causas del que dependen los acontecimientos son de tipo no lineal. Sánchez Ferlosio lo exponía de la siguiente manera:

“El hombre no tiene predeterminada antes de nacer su determinación. El hombre tiene la posibilidad de determinarse después del nacimiento en uno u otro sentido”.

Gabriel Janer Manila, antropólogo y escritor que recogió el testimonio de uno de los niños ferales más conocidos en España: Marcos Rodríguez Pantoja. Plasmó la vida de Pantoja en la obra “He jugado con lobos”.

Gabriel Janer Manila, antropólogo y escritor que recogió el testimonio de uno de los niños ferales más populares, el español Marcos Rodríguez Pantoja, plasmándola en la obra “He jugado con lobos”.

Para explicarnos lo que quiere decirnos Ferlosio, pongamos un ejemplo concreto recogido en la obra de Gabriel Janer Manila, antropólogo que estudió el caso del niño feral cordobés Marcos Rodríguez Pantoja:

Su hipótesis [se refiere a la de Ferlosio] conduce a la conclusión de que el ser humano puede llegar a ser un lobo (caso de Kamala de Midnapore) o puede no ser nada, es decir, prolongar la indeterminación que tenía al nacer (como en el caso de Ana de Pennsylvania). Ana no había tenido la posibilidad de ejercitar las piernas porque había permanecido acostada durante años en un camastro. Kamala, sin embargo, había adquirido la agilidad de los lobeznos, era cuadrúpeda y corría. Ésta había sido determinada por la convivencia con los lobos; Ana, porque no había convivido con nadie, continuaba aún en la indeterminación.

Marcos Rodríguez Pantoja, niño feral encontrado en Sierra Morena en 1965. Se trata del único caso descrito de niño selvático documentado en España.

Marcos Rodríguez Pantoja, niño feral encontrado en Sierra Morena en 1965. Se trata del único caso descrito de niño selvático documentado en España.

Como han podido observar, muchos son los casos descritos hasta la fecha de niños ferales, tantos como diferentes y variopintos son los métodos desarrollados por los investigadores y analistas para acercarse a conocer sus particulares pautas de comportamiento. Este humilde artículo pretende servir de esbozo de todos esos estudios etológicos y antropológicos, muchos de ellos abordados desde perspectivas más metafísicas y ontológicas que estrictamente analíticas, y que, aunque pudieran parecer descabelladas o ilógicas, han servido para avanzar en el estudio de la psiquis humana, entendida como elemento de la disciplina psiquista (fenómenos y procesos que la mente humana, como unidad, desarrolla) y no desde la concepción cosmovisual dada en la antigua Grecia. Pero ese tema se lo dejamos a los psicólogos o a los lectores, para que saquen sus propias conclusiones.

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