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Recientemente, China ha reportado una muerte por hantavirus; dada la situación actual, esto a causado una serie de bulos y suposiciones sobre el riesgo de una nueva pandemia. Sin embargo, estos temores son infundados y vienen del desconocimiento. Para aclarar por qué los hantavirus no pueden causar una nueva pandemia hay que profundizar en su biología y virulencia (la gravedad y naturaleza de las enfermedades que causa).

Los hantavirus son un género de virus conformado por más de una docena de especies. Se comenzaron a estudiar durante la Guerra de Corea, cuando las condiciones de higiene hicieron que se registraran muchos casos entre soldados americanos. En este ambiente, se llegó a una mortalidad del 7%, un porcentaje muy alto si tenemos en cuenta que los soldados eran jóvenes y que habían pasado anteriormente pruebas médicas. Adquirieron un mayor interés a principio de los noventa, cuando un brote en la Región de las Cuatro Esquinas, en EEUU, causó la muerte de varias personas que habían tenido contacto con roedores. La causa de estas muertes fue un misterio en su inicio, lo que le valió la mediática nominación de “Virus Sin Nombre” a la especie causante.

El crecimiento de las ciudades y la destrucción de hábitats está forzando a muchos animales a vivir en contacto con humanos, esto aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades por zoonosis.

El crecimiento de las ciudades y la destrucción de hábitats está forzando a muchos animales a vivir en contacto con humanos, esto aumenta el riesgo de transmisión de enfermedades por zoonosis.

Estos virus presentan una envoltura lipídica con muchas glicoproteínas insertadas en ella,  estas glicoproteínas son moléculas que emplean para poder entrar en la célula de su hospedador. Dentro de esta envoltura está el material genético, es decir, la información necesaria para replicarse dentro de la célula del hospedador. El material genético de estos virus está compuesto por tres cadenas de una sola hebra de ARN. 

En cuanto a su transmisión, los hantavirus no suelen parasitar a humanos ya que su hospedador principal son los roedores. Dentro de este grupo parasitan a una gran variedad de especies (ratón del nuevo mundo, ratón ciervo, ratón desnudo…) entre las que se transmiten por heces, orina y saliva. El paso del virus a humanos suele ser un proceso accidental llamado zoonosis y no es un proceso que beneficie al virus, ya que en esta situación deja de poder transmitirse.

Cuando un ser humano entra en contacto heces o fluidos de un roedor infectado se pueden desarrollar tres tipos de enfermedades, dos afectan a los riñones y una al sistema respiratorio. Si afecta al aparato excretor pueden causar nefropatía epidémica o fiebre hemorrágica con síndrome renal. Una vez en los riñones, el virus comienza a dañar de forma muy grave las estructuras de filtración y producción de orina, lo que puede acabar siendo mortal. Si afecta el sistema respiratorio causa síndrome pulmonar humano causado por hantavirus. Esta enfermedad en un inicio causa síntomas similares a la gripe pero, más tarde, se agrava y acaba desencadenando un encharcamiento pulmonar severo. La mortalidad de estos virus, como de todos, varía mucho según la disponibilidad de tratamientos, edad y condición del paciente y otros factores.  Algunas especies tienen alrededor de un 0,1% de mortalidad, pero muchas llegan al 50%, sobre todo las que afectan a los pulmones.

A pesar de su gravedad y del temor que pueda suscitar, se han reportado muy pocos casos de transmisiones entre humanos y han sido siempre en contextos excepcionales. Además, tasas tan altas de mortalidad no suelen causar epidemias, ya que causan tantas muertes que su transmisión suele ser baja. Por ello, no debemos temer que los casos reportados este año en China puedan desembocar una pandemia. Sin embargo, el creciente tamaño de las ciudades, la destrucción de hábitats y el aumento de contacto entre humanos y roedores, está desembocando en un mayor riesgo de incidencia de estos virus en muchas regiones del planeta.

Bibliografía:

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  • Muranyi, W., Bahr, U., Zeier, M., and van der Woude, F.J. (2005) J Am Soc Nephrol 16: 3669-3679 doi: 10.1681/ASN.2005050561
  • Zeitz, P.S., Butler, J.C., Cheek, J.E., Samuel, M.C., Childs, J.E., Shands, L.A., … Peters, C.J. (1995). A case-control study of hantavirus pulmonary syndrome during an outbreak in the Southwestern United States. Journal of Infectious Diseases, 171(4): 864-870. https://doi.org/10.1093/infdis/171.4.864
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  • Padula P.J., Edelstein A., Miguel S.D.L., López N.M., Rossi C.M., Rabinovich R.D. (1998) Hantavirus pulmonary syn- drome outbreak in Argentina: Molecular evidence for person-to-person transmission of Andes virus. Virology 241:323-330.

Autor Manuel Fernández Moreno

Estudiante del grado en Biología por la Universidad de Sevilla. Entusiasta de la Biología Molecular y la Fisiología Vegetal. Actualmente miembro del grupo de Metabolismo y Señalización Celular del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa.

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