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En la ecología de las plantas, son de gran importancia las interacciones de estas con hongos, existiendo tanto hongos perjudiciales como beneficiosos. Es por ello que, de la misma forma que se busca potenciar algunas interacciones por aportar beneficios a los cultivos, se intenta evitar o detener las que producen enfermedades y pérdidas.

Para comprender cómo funcionan las interacciones, primero se debe conocer de qué forma se aprovechan los hongos parásitos de las plantas: por un lado, están los necrotrofos, que son hongos que se alimentan de materia orgánica muerta, por ello, necesitan matar el tejido que infectan para poder nutrirse de él. Como la integridad de las células hospedadoras no es de importancia, acceden a ellas por agujeros, ya sean aberturas que naturalmente existen en la planta, como los estomas, o producidos por ellos mismos con ayuda de toxinas o enzimas. Algunos llegan a tener una forma de entrar tan específica que, si por alguna razón no pueden acceder a ella así (por ejemplo, mutándolos para que no produzcan la enzima que degrade la célula vegetal), mueren, aun teniendo la planta heridas y otras aberturas.

Las formas esféricas oscuras dentro de las células son haustorios de morfología claviforme. Foto de Emmanuel Boutet

Las formas esféricas oscuras dentro de las células son haustorios de morfología claviforme. Foto de Emmanuel Boutet

Por otro lado, los hongos biotrofos son los que se nutren de células vivas, es decir, deben conseguir que la planta no detecte su presencia porque, de lo contrario, esta respondería necrosando la zona donde se ha dado la infección con el fin de evitar que se extienda al resto del individuo y, por tanto, no podría alimentarse de ella. El ciclo normal de este tipo de hongos comienza cuando una espora alcanza una superficie de la planta hospedadora, normalmente una hoja. Es entonces cuando de la espora surge el tubo germinativo, en cuyo extremo se localiza el apresorio, un órgano de fijación que ayuda a mantener al hongo pegado a la planta. A su vez, de este apresorio puede surgir un tubo de infección que se introduce entre dos células para profundizar en el tejido. Aquí se encuentra más protegido de la desecación y de la inanición. Esto último lo solventa con una estructura llamada haustorio. Los haustorios son modificaciones del micelio de los hongos (el micelio es el conjunto de hifas que forman la parte vegetativa de un hongo, y las hifas, filamentos conformados por células con pared celular quitinosa) que surgen del extremo de los tubos de infección. Los haustorios no penetran en la célula vegetal, sino que digieren con enzimas (en menor cantidad que en el caso de los necrotrofos) la pared celular e invaginan la membrana plasmática, pudiendo adoptar para ello todo tipo de formas según la especie, desde pequeñas esferas (morfología claviforme) hasta complejos entramados que aumentan la superficie de contacto. Realmente hay muchos casos que se escapan de la generalidad: los hongos pueden desarrollar el tubo germinativo tanto fuera como dentro de la cutícula de la hoja, los haustorios pueden salir directamente de él en vez de hacerlo del tubo de infección, etc.

Una enfermedad micótica muy conocida y odiada por los agricultores es el mildiu, que afecta a la lechuga, a la vid, a algunos cereales y otras plantas muy utilizadas en cultivos. Cada especie de planta se puede ver afectada por especies diferentes de hongos, es decir, que los síntomas del mildiu pueden ser provocados por diferentes organismos. El que afecta a la vid, por ejemplo, es Plasmopara viticola, y el del maíz, Peronosclerospora maydis.

 Bibliografía:

  • Schumann, G. L. and D’Arcy, C. J. (2010). Essential Plant Pathology (2ª ed.). Amer Phytopathological Society, St. Paul Minnesota U.S.A.
  • Agrios, G. N. (2001). Fitopatología (2ª ed.). Uteha, Noriega editores.

Autor Paloma Cabezas Blanco

Terminando el Grado de Biología por la Universidad de Sevilla, buscando mi hueco en la Ciencia. Soy alumna interna de Ecofisiología Vegetal, amante del arte y aficionada a la Microbiología.

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