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Euglena y su temor por la luz azul

Euglena y su temor por la luz azul

Las especies del género Euglena son organismos eucarióticos unicelulares flagelados que se pueden comportar tanto como autótrofos (cuando existe luz y ésta no es muy intensa) como heterótrofos (cuando existe ausencia de luz o ésta resulta inadecuada para llevar a cabo la fotosíntesis), desintegrando sus cloroplastos y regenerándolos una vez sean estimulados de nuevo por la luz. En un primer momento se pensó que los cloroplastos helicoidales de Euglena provenían de una endosimbiosis secundaria de algas verdes ya que éstos presentan tres membranas en vez de dos. Esta circunstancia sería lo más frecuente; la interior sería del organismo fotosintético fagocitado, y la exterior de la célula que la fagocitó. La tercera membrana se estima que deriva del plasmalema del fagocitador.

El género Euglena posee un orgánulo encargado de captar la luz y orientar su movimiento en consecuencia denominado estigma, y aparece como una mancha rojiza en la zona anterior.

El género Euglena posee un orgánulo encargado de captar la luz y orientar su movimiento en consecuencia denominado estigma, y aparece como una mancha rojiza en la zona anterior.

Euglena gracilis presenta una mancha ocular (estigma) con un pigmento permite captar la la luz y moverse o bien en dirección a ésta (fototaxis) o bien alejarse de ella (respuesta fotofóbica). La luz sirve de estímulo para provocar que la vacuola se contraiga y su flagelo se mueva, permitiendo que el organismo migre. El estigma posee un fotorreceptor denominado adenil ciclasa fotoactivable (PAC) encargado de captar la luz, formado a su vez por unas proteínas denominadas flavoproteínas, que adoptan este nombre porque presentan flavinas a modo de como cromóforos (sustancias que la tiñen de un color rojizo). El fotorreceptor resulta ser activado por la luz azul. La luz azul activa un receptor que le transmite la señal a la proteína G, activa la PAC, produce AMPc (adenosín monofosfato cíclico), induciendo la liberación de pirofosfato. Este último compuesto actúa como segundo mensajero regulando otras proteínas como la proteína kinasa A y los canales iónicos. Esta transducción de la señal química es la desencadenante de los cambios en los patrones de movimiento de los flagelos y, por tanto, del movimiento celular.

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